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La Copa Mundial de la FIFA 2018 no fue un torneo más para la selección de Rusia; fue el escenario donde, contra todo pronóstico, el equipo anfitrión se convirtió en protagonista de una de las historias más emocionantes del certamen. Como organizador, Rusia obtuvo su clasificación de manera automática, siendo la cabeza de serie del Grupo A. Las expectativas sobre el equipo dirigido por Stanislav Cherchesov eran moderadas, incluso pesimistas, por parte de su propia afición y la prensa internacional. Sin embargo, el fútbol, en su mágica imprevisibilidad, tenía preparado un guion completamente diferente, uno que llenaría de orgullo y euforia a toda una nación.
El sorteo los ubicó junto a Arabia Saudita, Egipto y Uruguay. A primera vista, un grupo competitivo donde la clasificación no estaba garantizada. Uruguay, con sus estrellas de talla mundial, partía como el claro favorito, dejando una lucha abierta por el segundo puesto. Para Rusia, el torneo representaba no solo un desafío deportivo, sino la oportunidad de demostrar al mundo su capacidad organizativa y, sobre todo, de reconectar con un pueblo que anhelaba una alegría futbolística.

El 14 de junio, en el Estadio Luzhniki de Moscú, el mundo entero posó sus ojos sobre el partido inaugural: Rusia contra Arabia Saudita. La presión era inmensa, pero el equipo local la canalizó de la mejor manera posible. Lo que siguió fue una exhibición de contundencia y eficacia. Yury Gazinsky abrió el marcador temprano, desatando la primera gran celebración del Mundial. Lejos de conformarse, Rusia aplastó a su rival con un contundente 5-0, con un doblete de un héroe inesperado, Denis Cheryshev, quien había entrado desde el banquillo, y otros tantos de Artem Dzyuba y Aleksandr Golovin. Esta victoria no solo significó tres puntos; fue una inyección de confianza y una declaración de intenciones.
El segundo partido, contra el Egipto de Mohamed Salah, se presentaba como una prueba de fuego. Salah, aunque no estaba al cien por cien físicamente, representaba una amenaza constante. Sin embargo, la selección rusa volvió a mostrar una solidez admirable. Tras un primer tiempo sin goles, un autogol egipcio abrió el camino. Luego, los goles de Cheryshev y Dzyuba, quienes se consolidaban como la dupla ofensiva del equipo, sentenciaron el partido con un 3-1 final. Con seis puntos en dos partidos y ocho goles a favor, Rusia aseguraba su pase a los octavos de final, un logro que pocos habrían vaticinado y que desató una fiesta nacional.
Ya clasificados, el último partido de la fase de grupos fue contra la poderosa selección de Uruguay. Este encuentro sirvió como un cable a tierra para el equipo y sus aficionados. La “Celeste”, liderada por Luis Suárez y Edinson Cavani, demostró su jerarquía y se impuso con un claro 3-0. Una temprana expulsión en el equipo ruso condicionó el desarrollo del partido. A pesar de la derrota, el objetivo principal ya estaba cumplido. Rusia avanzaba a la siguiente fase como segunda de grupo, un resultado más que meritorio que les citaba en la siguiente ronda con uno de los grandes candidatos al título.
| Rival | Resultado | Goleadores de Rusia |
|---|---|---|
| Arabia Saudita | Victoria 5-0 | Gazinsky, Cheryshev (2), Dzyuba, Golovin |
| Egipto | Victoria 3-1 | Cheryshev, Dzyuba (Autogol a favor) |
| Uruguay | Derrota 0-3 | Ninguno |
El rival en octavos de final era España, campeona del mundo en 2010 y una de las máximas favoritas. El partido, nuevamente en el Estadio Luzhniki, se presentaba como una misión casi imposible. España, fiel a su estilo, monopolizó la posesión del balón, superando el 75% durante gran parte del encuentro. Un autogol tempranero de Sergei Ignashevich parecía confirmar los peores presagios. Sin embargo, el equipo ruso, arropado por su gente, planteó un partido de sacrificio, disciplina táctica y una resistencia heroica. Justo antes del descanso, un penalti por mano de Gerard Piqué fue convertido por Artem Dzyuba, igualando el marcador y llevando el delirio a las gradas.
El segundo tiempo y la prórroga fueron un monólogo de posesión española contra un muro defensivo ruso. El equipo local aguantó estoicamente, llevando la definición a la tanda de penaltis. Fue entonces cuando emergió la figura del capitán, el portero Igor Akinfeev. Tras una tanda perfecta de los lanzadores rusos, Akinfeev detuvo el disparo de Koke. Luego, con el destino del país en sus pies, atajó de forma espectacular el remate de Iago Aspas con una estirada memorable. Rusia había logrado lo impensable: eliminar a España. La celebración fue total, una catarsis colectiva que unió a la nación en un abrazo futbolístico histórico.
En cuartos de final, el camino de Rusia se cruzó con otra de las sorpresas del torneo, Croacia, liderada por Luka Modrić e Ivan Rakitić. El partido, disputado en Sochi, fue un auténtico thriller, una montaña rusa de emociones. Denis Cheryshev adelantó a Rusia con uno de los mejores goles del Mundial, un zurdazo espectacular desde fuera del área. Croacia logró empatar antes del descanso y, ya en la prórroga, se puso por delante con un gol de Domagoj Vida. Cuando todo parecía perdido, a falta de cinco minutos para el final, el brasileño nacionalizado ruso Mário Fernandes conectó un cabezazo agónico para forzar, una vez más, la tanda de penaltis.
La tensión era máxima. Sin embargo, esta vez la suerte no estuvo del lado del anfitrión. Aunque Akinfeev volvió a detener un penalti, los fallos de Smolov y Fernandes terminaron por sentenciar la eliminación. Las lágrimas de los jugadores y aficionados en el estadio reflejaban el dolor de la derrota, pero también el inmenso orgullo por el camino recorrido. Rusia se despidió de su Mundial en cuartos de final, superando con creces cualquier expectativa y regalándole a su gente una actuación inolvidable.
Rusia llegó hasta los cuartos de final, donde fue eliminada por Croacia en la tanda de penaltis.
Rusia protagonizó una de las mayores sorpresas del Mundial al eliminar a España en los octavos de final, también en la tanda de penaltis.
Aunque no hay una clasificación oficial más allá de los cuatro primeros, por su desempeño y la fase alcanzada, Rusia finalizó el torneo entre las ocho mejores selecciones del mundo, concretamente en el 8º puesto de la clasificación final de la FIFA.
El máximo goleador del equipo ruso fue Denis Cheryshev, quien anotó 4 goles a lo largo del torneo, empatado con Artem Dzyuba si se consideran asistencias y participación, pero Cheryshev es a menudo citado como la figura goleadora.
El director técnico que lideró a Rusia en esta histórica campaña fue Stanislav Cherchesov, quien se convirtió en un héroe nacional por su gestión del equipo.
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