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En la historia criminal de Argentina, pocos eventos han capturado la imaginación popular como el famoso Robo del Siglo. No fue solo un atraco, fue una obra de arte delictiva, una performance que desafió a las autoridades y convirtió a sus perpetradores en una suerte de antihéroes modernos. Ocurrido en la sucursal del Banco Río de Acassuso, este evento se destaca no tanto por la violencia, que fue mínima y simulada, sino por la inteligencia, la planificación y el descaro de sus autores. Fue un golpe que se estudió durante años, se ejecutó con precisión cinematográfica y terminó, irónicamente, desmoronándose por el más humano de los motivos: una traición sentimental.
Todo comenzó con una idea en la mente de Fernando Araujo, un artista plástico y experto en artes marciales que, lejos del estereotipo del criminal, concibió el robo como un acto de creación. Durante años, Araujo y su equipo diseñaron un plan que parecía infalible. El objetivo no era entrar por la fuerza, sino crear una distracción perfecta en la superficie mientras la verdadera operación ocurría bajo tierra. El 13 de enero de 2006, el plan se puso en marcha. Un grupo de ladrones ingresó al banco, tomó a 23 personas como rehenes y comenzó una larga y tensa negociación con la policía, que rodeó el edificio con más de 200 efectivos.

Mientras uno de los miembros, más tarde identificado como Luis Mario Vitette Sellanes, se convertía en el rostro de la negociación con su famoso traje gris y su actitud calmada, el resto del equipo trabajaba febrilmente en el subsuelo. Habían construido un túnel que conectaba el banco con los desagües pluviales, una vía de escape impensada para las autoridades. El verdadero golpe no estaba en la negociación con los rehenes, sino en el vaciado de 147 cajas de seguridad. El botín fue millonario, estimado en unos 19 millones de dólares en dinero y joyas. Cuando la policía finalmente ingresó al banco, se encontró con una escena desconcertante: los rehenes estaban ilesos y los ladrones se habían esfumado, dejando una nota que decía: “En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es solo plata y no amores”.
La fuga fue un éxito rotundo. Los ladrones se repartieron el botín y acordaron no volver a verse, desapareciendo cada uno por su lado. Parecía el crimen perfecto. Sin embargo, el eslabón más débil no fue una falla en la planificación, sino una relación personal. La esposa de Rubén Alberto “Beto” de la Torre, Alicia di Tullio, despechada por una infidelidad, se presentó ante la justicia y delató a toda la banda. Su testimonio fue la llave que abrió la puerta a la investigación.
Con los nombres sobre la mesa, las detenciones comenzaron a sucederse. “Beto” de la Torre fue el primero en caer, con 700.000 dólares en su poder. Poco después, Sebastián García Bolster, el “ingeniero” del grupo, fue detenido en Villa Gesell y confesó su participación. Luis Mario Vitette Sellanes fue localizado en Uruguay y, tras negociar, se entregó en Buenos Aires. El último en caer fue el cerebro, Fernando Araujo. Fue encontrado por Gendarmería en una carpa en las sierras de San Juan, donde supuestamente realizaba un “retiro espiritual”. Al ser descubierto, simplemente admitió su identidad: “No pierdan tiempo, yo soy Fernando Araujo”. La banda que había ejecutado un plan maestro estaba ahora tras las rejas.
El juicio comenzó en febrero de 2010 y trajo consigo la revelación más sorprendente del caso. Aunque los rehenes y la policía creían haber enfrentado a una banda fuertemente armada, la realidad era otra. Las armas utilizadas durante el atraco eran réplicas de juguete. Esta fue una pieza clave de la defensa y cambió drásticamente el curso del proceso legal. Uno de los guardias de seguridad del banco había asegurado que De la Torre portaba una escopeta real, pero en los allanamientos no se encontró ninguna que coincidiera; las únicas halladas eran las réplicas dejadas en el banco.

Esta revelación fue fundamental. Sin el agravante del uso de armas de fuego reales, las condenas, que inicialmente se preveían superiores a 20 años, fueron considerablemente reducidas.
Posteriormente, estas penas fueron nuevamente reducidas por casación penal, y para mediados de 2014, todos los implicados en el robo más famoso de Argentina ya habían recuperado su libertad. La justicia consideró que, sin armas reales, el delito no conllevaba la misma gravedad, una decisión que generó un amplio debate público.
El “Robo del Siglo” argentino a menudo se compara con otros grandes atracos de la región, como el ocurrido en Chile en 2014, que inspiró la serie “Baby Bandito”. Aunque ambos fueron audaces, sus características difieren notablemente.
| Característica | Robo del Siglo (Argentina, 2006) | Robo del Siglo (Chile, 2014) |
|---|---|---|
| Ubicación | Banco Río de Acassuso | Aeropuerto Internacional de Santiago |
| Método Principal | Toma de rehenes como distracción, fuga por túnel subterráneo. | Asalto a un camión de valores en la losa del aeropuerto. |
| Armas Utilizadas | Réplicas y armas de juguete. | Armas de fuego reales. |
| Monto Robado (Aprox.) | 19 millones de dólares. | 10 millones de dólares (6 mil millones de pesos chilenos). |
| Recuperación del Dinero | Una pequeña parte fue recuperada. El resto, un misterio. | Solo se recuperó cerca del 10%. |
| Factor de Caída | Traición de la esposa de uno de los miembros. | Investigación policial y seguimiento de los involucrados. |
| Adaptaciones Mediáticas | Película “El robo del siglo” (2020), Documental “Los ladrones” (2022). | Serie “Baby Bandito” (2024). |
Los miembros más conocidos de la banda fueron Fernando Araujo (el ideólogo), Luis Mario Vitette Sellanes (el negociador), Rubén Alberto de la Torre, Sebastián García Bolster (el ingeniero) y Julián Zalloecheverría.

No. De los aproximadamente 19 millones de dólares robados de las cajas de seguridad, solo una pequeña fracción fue recuperada durante las detenciones. La mayor parte del botín nunca apareció, y su paradero sigue siendo uno de los grandes misterios del caso.
La razón principal fue el descubrimiento de que las armas utilizadas en el asalto eran de juguete. Esto eliminó el agravante de “robo a mano armada con armas de fuego”, lo que llevó a una recalificación del delito y, en consecuencia, a sentencias mucho menores, que además fueron reducidas en instancias posteriores.
No. Aunque ambos se conocen como “El Robo del Siglo” en sus respectivos países, son eventos completamente diferentes. La serie de Netflix “Baby Bandito” está inspirada en el robo al aeropuerto de Santiago de Chile en 2014, mientras que el caso del Banco Río ocurrió en Acassuso, Argentina, en 2006.
El Robo del Siglo trascendió las páginas policiales para instalarse en el imaginario colectivo argentino. La audacia del plan, la ausencia de violencia real y la astucia de sus perpetradores generaron una extraña fascinación. Películas y documentales han explorado la historia, consolidando su estatus de leyenda. Más que un simple robo, fue un evento que expuso las vulnerabilidades del sistema, la delgada línea entre la genialidad y el delito, y cómo, a veces, la realidad puede ser mucho más increíble que la ficción.
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