Calcular Nafta para un Viaje: La Guía Definitiva
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Las “Marchas del Silencio” constituyen uno de los capítulos más conmovedores y valientes de la historia argentina contemporánea. No se trató de un único evento, sino de una forma de manifestación que se replicó en distintos momentos y por diversas causas, pero que siempre compartió un denominador común: el silencio como el grito más potente contra la injusticia, el olvido y la impunidad. Para comprender la profunda conexión de este fenómeno con la historia de YPF, es necesario sumergirse en los años más oscuros del país, donde la empresa estatal, corazón productivo de la nación, también se convirtió en escenario de una tragedia que marcó a fuego a su comunidad de trabajadores y sus familias.
Este artículo no solo busca responder qué fueron aquellas marchas, sino también honrar la memoria de los ypefianos que fueron víctimas del terrorismo de Estado, explorando por qué fueron un objetivo y cómo su recuerdo sigue vivo en la cultura de la compañía, que entiende que su fortaleza no reside solo en el petróleo que extrae, sino en la historia y la resiliencia de su gente.

Para entender el origen de las Marchas del Silencio, es crucial situarnos en el período de la última dictadura cívico-militar en Argentina, que se extendió desde 1976 hasta 1983. Durante estos años, se instauró un régimen de terrorismo de Estado que llevó a cabo un plan sistemático de secuestro, tortura y desaparición forzada de personas. El objetivo era aniquilar cualquier forma de oposición política, sindical o estudiantil. En este contexto, el espacio público fue silenciado por el miedo y la represión. Las reuniones estaban prohibidas, la libertad de expresión era inexistente y el simple hecho de preguntar por el paradero de un ser querido podía costar la vida.
Fue en este clima de opresión que surgieron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Su lucha fue el germen de las Marchas del Silencio. Cada jueves, un grupo de mujeres comenzaba a caminar en círculo alrededor de la Pirámide de Mayo, frente a la Casa de Gobierno. No gritaban consignas, no llevaban pancartas estridentes. Llevaban pañuelos blancos en sus cabezas y, en muchos casos, las fotos de sus hijos e hijas desaparecidos colgadas del cuello. Su silencio era ensordecedor. Era una acusación directa y pacífica que rompía el cerco del miedo. Su presencia silenciosa era un acto de desafío que el régimen no sabía cómo reprimir sin evidenciar aún más su brutalidad.
Yacimientos Petrolíferos Fiscales, como empresa estatal estratégica y con una fuerte presencia en todo el territorio nacional, no fue ajena a esta oscura realidad. Los trabajadores de YPF, a menudo organizados en sindicatos fuertes y con una larga tradición de lucha por sus derechos, representaban para el régimen un foco de potencial resistencia que debía ser desarticulado. El sindicalismo petrolero era visto como una amenaza al modelo económico y social que la dictadura buscaba imponer.
La represión se ensañó particularmente con delegados gremiales, activistas y trabajadores comprometidos socialmente en las distintas destilerías y yacimientos del país, como los de La Plata, Comodoro Rivadavia o Luján de Cuyo. Muchos de ellos fueron secuestrados directamente de sus puestos de trabajo o en sus hogares, a menudo con la complicidad de algunas jerarquías de la época. Sus legajos laborales eran marcados con la fría anotación de “abandono de tareas”, un eufemismo cruel para ocultar la desaparición forzada y negar a sus familias cualquier tipo de derecho o indemnización.
Las familias de los trabajadores de YPF desaparecidos se unieron al dolor y a la lucha de miles de otras familias en todo el país. Muchas de esas madres, esposas e hijos participaron en las rondas de los jueves en Plaza de Mayo y en otras manifestaciones silenciosas que se organizaban de forma clandestina. El silencio de estas marchas tenía múltiples significados:
Caminar en silencio por un trabajador de la Destilería de La Plata o por un operario del pozo en Neuquén era una forma de decir “él está presente”, “no lo olvidamos” y “exigimos justicia“.
La lucha por los derechos humanos transformó no solo a la sociedad argentina, sino también la cultura interna de empresas como YPF. La siguiente tabla ilustra algunos de estos cambios fundamentales.
| Característica | YPF durante la Dictadura (1976-1983) | YPF en la Actualidad |
|---|---|---|
| Derechos Sindicales | Suspendidos y perseguidos. Los delegados eran un objetivo principal de la represión. | Plenamente vigentes. La actividad sindical es un pilar de las relaciones laborales. |
| Política de Memoria | Inexistente. Complicidad en el ocultamiento de las desapariciones (ej. “abandono de tareas”). | Activa. Se realizan actos de homenaje, señalizaciones y la reparación histórica de legajos. |
| Libertad de Expresión | Censurada. El miedo y la delación eran herramientas de control interno. | Garantizada. Se promueven canales de diálogo y un ambiente de trabajo respetuoso. |
| Rol de la Empresa | Instrumento del Estado autoritario, con jerarquías alineadas al régimen. | Empresa con compromiso social y de derechos humanos, parte de la comunidad democrática. |
Con el retorno de la democracia, la lucha por la memoria, la verdad y la justicia cobró un nuevo impulso. En YPF, esto se tradujo en un proceso fundamental: la reparación de los legajos de los trabajadores desaparecidos y asesinados. Este acto, de un enorme valor simbólico y material, consistió en rectificar la causa de cese de la relación laboral. Donde antes figuraba “abandono de tareas” o “despido”, ahora consta la verdad: “desaparición forzada” o “asesinato”.
Este proceso no es meramente administrativo. Es un acto de justicia que devuelve la dignidad al trabajador, reconoce su identidad y su historia, y repara moralmente a sus familias. Además, YPF ha participado activamente en la señalización de sitios de memoria y en la colocación de placas conmemorativas en sus instalaciones, asegurando que las futuras generaciones de ypefianos conozcan esta parte fundamental de su historia.
En conclusión, las Marchas del Silencio fueron mucho más que una simple caminata. Fueron un acto de resistencia civil de una valentía incalculable, que resquebrajó el muro de miedo impuesto por la dictadura. Para la gran familia de YPF, estas marchas resuenan con un eco particular, el eco de los nombres de sus compañeros ausentes. Recordar esta historia es un ejercicio indispensable de memoria, un compromiso con el presente y una garantía para el futuro. Es entender que el verdadero valor de YPF no solo está bajo tierra, sino en la dignidad y la historia de cada una de las personas que la construyeron, incluso de aquellas a quienes el terror intentó, sin éxito, borrar para siempre.
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