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El río Matanza Riachuelo es mucho más que un curso de agua de 64 kilómetros que atraviesa el corazón productivo de Argentina; es un espejo de nuestra historia, un ícono cultural y, lamentablemente, el símbolo más crudo de la injusticia ambiental en el país. Durante más de dos siglos, sus aguas han recibido el castigo de un desarrollo no planificado, convirtiéndose en una de las diez cuencas más contaminadas del planeta. Sin embargo, detrás de esta oscura realidad, se teje una compleja trama de esfuerzos ciudadanos, fallos judiciales históricos y un titánico plan de saneamiento que busca devolverle la vida a este gigante herido y mejorar la calidad de vida de los cinco millones de personas que habitan en su cuenca.

Para entender la problemática del Matanza Riachuelo, es fundamental conocer su geografía. Se trata de una cuenca de llanura, con una pendiente muy escasa que dificulta el flujo natural del agua. Su recorrido se divide en tres grandes zonas con características muy distintas:
La degradación del Riachuelo no es un fenómeno reciente, sino el resultado de décadas de abandono y falta de control. La contaminación proviene principalmente de tres fuentes interconectadas que han convertido al río en un curso de agua prácticamente sin oxígeno, incapaz de albergar vida acuática en sus tramos medio y bajo.
Las principales fuentes de contaminación son:
El punto de inflexión en la historia del Riachuelo llegó en 2004, cuando un grupo de vecinos, encabezados por Beatriz Mendoza, interpuso una demanda judicial contra el Estado Nacional, la Provincia de Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires y 44 grandes empresas por los daños sufridos a causa de la contaminación. Lo que comenzó como un reclamo individual se transformó en una causa colectiva de alcance histórico.
En 2006, la Corte Suprema de Justicia de la Nación se declaró competente e intimó a los demandados a presentar un plan de saneamiento. Este fue el germen para la creación, por ley, de la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR), un ente interjurisdiccional encargado de coordinar las acciones de los tres gobiernos implicados.
Finalmente, el 8 de julio de 2008, la Corte dictó un fallo sin precedentes. No solo responsabilizó a los tres estados de manera concurrente, sino que les ordenó cumplir un programa con tres objetivos claros y simultáneos: mejorar la calidad de vida de los habitantes, recomponer el ambiente en todos sus componentes (agua, aire y suelos) y prevenir futuros daños. Además, designó a un Cuerpo Colegiado, integrado por el Defensor del Pueblo y varias ONG (entre ellas Greenpeace), para controlar el cumplimiento de la sentencia en representación de la ciudadanía.

Desde el fallo de la Corte, se han puesto en marcha numerosas iniciativas en el marco del Plan Integral de Saneamiento Ambiental (PISA). Se han realizado obras de infraestructura cloacal, se han cerrado los macrobasurales más grandes, se han limpiado márgenes del río y se ha avanzado en el empadronamiento y control de las industrias contaminantes. Sin embargo, el camino es largo y complejo.
En 2016, la propia ACUMAR reconoció en una audiencia pública que, tras una inversión millonaria, solo se había cumplido cerca del 20% de las metas. Las organizaciones del Cuerpo Colegiado denuncian continuamente la falta de una gestión integral, las fallas en el control industrial y la lentitud en la relocalización de las familias que viven en las zonas más vulnerables y contaminadas de la ribera.
| Aspecto | Situación Previa al Fallo (2008) | Desafíos Actuales |
|---|---|---|
| Vertidos Industriales | Descargas masivas sin tratamiento. | El control y la fiscalización siguen siendo insuficientes. Se necesita una reconversión a producción limpia. |
| Desagües Cloacales | Gran parte de la población sin red sanitaria. | Obras de infraestructura en curso (Sistema Riachuelo) pero con demoras y cobertura aún parcial. |
| Residuos Sólidos | Existencia de macrobasurales a cielo abierto. | Cierre de los grandes basurales, pero persisten miles de microbasurales y la disposición informal. |
| Calidad del Agua | Niveles de anoxia (ausencia de oxígeno). | La calidad del agua en los tramos medio y bajo sigue siendo crítica y no apta para la vida acuática. |
| Población en Riesgo | Asentamientos precarios en zonas inundables y contaminadas. | El proceso de relocalización de familias avanza lentamente, con deudas en soluciones habitacionales definitivas. |
A pesar de su trágica realidad ambiental, el Riachuelo ocupa un lugar central en el imaginario de Buenos Aires. Su paisaje portuario, con sus puentes, barcos y casas de chapa de colores, fue inmortalizado por artistas plásticos de la talla de Benito Quinquela Martín, quien convirtió al barrio de La Boca en una escuela de pintura a cielo abierto. Escritores como Roberto Arlt y Manuel Gálvez describieron en sus crónicas y novelas la vida bulliciosa de sus orillas, un crisol de inmigrantes, trabajadores y personajes marginales. Y, por supuesto, el tango encontró en sus “nieblas” una fuente inagotable de nostalgia y poesía, convirtiéndolo en un escenario mítico de la música ciudadana. Esta dualidad, entre la belleza nostálgica y la cruda contaminación, define la compleja identidad del Riachuelo.
Recibe el nombre de río Matanza en su curso superior y medio, a través de la provincia de Buenos Aires. Se lo conoce como Riachuelo en su tramo final de aproximadamente 8 kilómetros, que sirve de límite sur a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires antes de desembocar en el Río de la Plata.

La Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR) es el organismo público, creado por ley en 2006, responsable de llevar adelante el Plan Integral de Saneamiento Ambiental de la cuenca. Es un ente interjurisdiccional que articula el trabajo entre el Gobierno Nacional, la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires.
La recuperación total es un objetivo a muy largo plazo que requiere décadas de trabajo sostenido, enormes inversiones y, fundamentalmente, un cambio cultural en la relación de la sociedad y la industria con el río. Los expertos coinciden en que es un proceso posible, pero que depende de la continuidad de las políticas públicas, el control estricto de la contaminación y la participación ciudadana. El objetivo a mediano plazo es lograr una mejora significativa en la calidad del agua y del entorno para que deje de ser un riesgo para la salud.
Fue la histórica demanda judicial iniciada por un grupo de vecinos en 2004 que culminó con un fallo de la Corte Suprema de Justicia en 2008. Esta sentencia obligó al Estado en sus tres niveles a hacerse cargo del saneamiento integral de la cuenca y es considerada un caso líder en materia de derecho ambiental en Argentina y el mundo.
El saneamiento del Matanza Riachuelo es, sin duda, uno de los mayores desafíos ambientales, sociales y económicos de Argentina. Su recuperación no solo significará la restauración de un ecosistema vital, sino también la reparación de una deuda histórica con millones de ciudadanos y la construcción de un futuro más justo y sostenible.
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