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Hipólito Yrigoyen, una de las figuras más emblemáticas y controvertidas de la política argentina del siglo XX, vio el final de su segunda presidencia de una manera abrupta y violenta. Su fallecimiento el 3 de julio de 1933 cerró un capítulo, pero fue su derrocamiento tres años antes, el 6 de septiembre de 1930, el que marcó un punto de inflexión en la historia democrática del país. Conocido por su apodo, “El Peludo”, debido a su personalidad reclusiva y su aversión a la exposición pública, Yrigoyen lideró un movimiento popular masivo pero no pudo evitar la conspiración que gestó el primer golpe de Estado de la era constitucional argentina. Este artículo desentraña las causas, los protagonistas y las consecuencias de aquel día que cambió para siempre el destino de la nación.
Para entender la figura de Hipólito Yrigoyen, es crucial conocer su particular personalidad. A diferencia de los políticos tradicionales de su época, Yrigoyen cultivaba un perfil bajo, casi enigmático. Su apodo, “El Peludo”, no era un insulto, sino una descripción gráfica de su carácter: un hombre introvertido, que se sentía incómodo ante las multitudes y las cámaras. Rara vez concedía entrevistas o discursos, prefiriendo el contacto directo y personal en reuniones privadas. Esta actitud, si bien le confería un aura de misterio y autoridad moral para sus seguidores, también lo distanciaba de otros actores políticos y de la prensa, que a menudo lo interpretaban como soberbia o incapacidad, un factor que sería hábilmente explotado por sus opositores.

La segunda presidencia de Yrigoyen, iniciada en 1928 con un abrumador 61% de los votos, comenzó a erosionarse rápidamente debido a una combinación de factores políticos y económicos que crearon el escenario perfecto para la conspiración.
La Unión Cívica Radical (UCR), bajo el liderazgo de Yrigoyen, se concebía a sí misma no como un partido más, sino como una “causa” mesiánica destinada a redimir a la nación de la “oligarquía”. Esta visión totalizante generaba una polarización extrema, donde el adversario político era visto como un enemigo de la patria. El gobierno de Yrigoyen utilizó recurrentemente la herramienta de la intervención federal en las provincias, destituyendo a gobernadores opositores para reemplazarlos por interventores leales. Durante su primer mandato, todas las provincias, a excepción de Santa Fe, fueron intervenidas al menos una vez. Esta práctica, percibida como autoritaria, generó un profundo resentimiento en las fuerzas conservadoras y en sectores disidentes del propio radicalismo. El clima de violencia política fue en aumento, con hechos graves como el asesinato en 1929 del senador opositor Carlos Washington Lencinas, crimen que sus partidarios no dudaron en atribuir al entorno presidencial.
El factor que aceleró la caída fue, sin duda, la crisis económica mundial desatada por el Crack de 1929. Argentina, como país agroexportador, sufrió un golpe devastador. Las exportaciones cayeron, el valor de la moneda se deterioró y el desempleo creció alarmantemente. En 1929, Yrigoyen se vio forzado a suspender la convertibilidad del peso, una medida que evidenciaba la gravedad de la situación. El descontento social se extendió, y la imagen de Yrigoyen como el “padre de los pobres” comenzó a desvanecerse. La oposición, apoyada por influyentes diarios como Crítica y La Prensa, culpó al gobierno de inoperancia y corrupción, magnificando los efectos de la crisis y creando una sensación de caos y desgobierno.
Ante un gobierno debilitado, la conspiración militar y civil tomó forma. Dos líneas principales convergieron con el objetivo común de derrocar a Yrigoyen, aunque con proyectos de país muy diferentes.
Aunque desconfiaban mutuamente, ambos sectores colaboraron. Uriburu sería la cara visible y la fuerza de choque del golpe, mientras que Justo, más astuto políticamente, operaba en segundo plano, sabiendo que el proyecto corporativista de Uriburu era inviable y que él podría heredar el poder a posteriori.
En sus escritos, un entonces joven capitán llamado Juan Domingo Perón relató su activa participación en la conspiración. Fue contactado en junio de 1930 para unirse al grupo de Uriburu y rápidamente se involucró en la organización, actuando como enlace entre diferentes facciones. Perón describe las reuniones secretas, las dudas sobre el liderazgo y la decisión final de actuar, evidenciando que el golpe fue un plan meticulosamente preparado durante meses con una amplia red de complicidades dentro de las Fuerzas Armadas.
La mecha se encendió en los primeros días de septiembre. Manifestaciones estudiantiles fogoneadas por la oposición, tiroteos frente a la Casa Rosada y la renuncia del leal Ministro de Guerra, Luis Dellepiane, dejaron al gobierno herido de muerte. Yrigoyen, anciano y enfermo de gripe, delegó el mando en su vicepresidente, Enrique Martínez, quien se mostró dubitativo e incapaz de organizar una defensa.

En la madrugada del 6 de septiembre, Uriburu se dirigió al Colegio Militar de la Nación y, al frente de una columna de apenas unos cientos de cadetes y algunos oficiales, marchó sobre Buenos Aires. Aviones de la base de El Palomar sobrevolaron la ciudad arrojando panfletos. La resistencia fue prácticamente nula. Las fuerzas policiales y militares que debían defender al gobierno constitucional se mantuvieron pasivas. Un breve tiroteo cerca del Congreso fue el único enfrentamiento de relevancia. Al llegar a la Casa Rosada, los golpistas la encontraron prácticamente vacía. Yrigoyen fue trasladado a La Plata, donde firmó su renuncia. El primer golpe de Estado de la Argentina moderna se había consumado con una facilidad pasmosa.
| Fecha | Acontecimiento Clave |
|---|---|
| 1928 | Yrigoyen asume su segunda presidencia con un amplio apoyo popular. |
| 1929 | Estalla la crisis económica mundial (Crack del 29), afectando gravemente a Argentina. |
| Marzo 1930 | Elecciones legislativas con resultados adversos para la UCR en la Capital. |
| Agosto 1930 | La conspiración militar y civil es un secreto a voces. |
| 3 de Septiembre 1930 | Renuncia el Ministro de Guerra, Gral. Dellepiane, debilitando al gobierno. |
| 5 de Septiembre 1930 | Yrigoyen, enfermo, delega el mando en el vicepresidente Martínez. |
| 6 de Septiembre 1930 | El Gral. Uriburu lidera la marcha sobre Buenos Aires. Yrigoyen es depuesto. |
| 10 de Septiembre 1930 | La Corte Suprema de Justicia reconoce al gobierno de facto. |
Una vez en el poder, Uriburu disolvió el Congreso, declaró el estado de sitio e intervino las provincias. Su gobierno tuvo un carácter marcadamente autoritario y represivo. Sin embargo, su proyecto de reforma constitucional corporativista fracasó por falta de apoyo político. El momento más nefasto y de más larga trascendencia llegó el 10 de septiembre, cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación emitió una acordada reconociendo al nuevo gobierno. Este fallo inauguró la “Doctrina de los gobiernos de facto”, creando un mecanismo legal que sería utilizado para justificar todos los futuros quiebres institucionales en el país. El golpe de 1930 no solo derrocó a un presidente; interrumpió la primera experiencia democrática de masas en Argentina y abrió las puertas a un ciclo de inestabilidad política y golpes militares que se extendería por más de cincuenta años.
Se lo apodaba así por su carácter marcadamente introvertido y reservado. Evitaba las apariciones públicas, no le gustaba ser fotografiado y raramente hablaba en público, lo que le daba un aire de reclusión y misterio, similar al de un peludo (armadillo) en su cueva.
El golpe fue liderado por dos facciones militares principales. Una encabezada por el general José Félix Uriburu, de tendencia nacionalista y corporativista, y otra por el general Agustín P. Justo, ex ministro de Guerra de Alvear, con un proyecto conservador-liberal.
No. Si bien la crisis económica de 1929 fue un factor determinante que generó un gran descontento social y debilitó al gobierno, no fue la única causa. Se sumaron una profunda crisis política, la acusación de autoritarismo contra Yrigoyen por sus intervenciones federales, la virulenta oposición de la prensa y de los partidos conservadores, y la activa conspiración de sectores del ejército.
Fue una resolución del 10 de septiembre de 1930 en la que la Corte Suprema de Justicia de la Nación reconoció la legitimidad de las autoridades de facto. Este fallo estableció la “Doctrina de los gobiernos de facto”, argumentando que el gobierno provisional tenía el control de la fuerza para mantener el orden y que sus actos eran válidos por razones de “policía y necesidad”. Sentó un precedente jurídico que se utilizó para validar futuros golpes de Estado en Argentina.
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