Aceite para Massey Ferguson: Guía Esencial
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La economía argentina, marcada por su carácter bimonetario y una tensión cambiaria casi permanente, ha sido escenario de intensos debates sobre la pertinencia y los efectos de las devaluaciones del peso. Durante la gestión de Alberto Fernández, esta discusión cobró especial relevancia, sobre todo por la constante presión de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) para aplicar un salto discreto en el tipo de cambio oficial. Sin embargo, un análisis detallado de los datos históricos recientes revela que la efectividad de esta herramienta es cada vez más cuestionada, mientras que sus consecuencias negativas, como el traspaso a precios, se han vuelto más agudas y persistentes. Este artículo se propone desglosar la política cambiaria del período 2019-2023, comparándola con eventos devaluatorios previos y evaluando su verdadero impacto en las variables clave de la economía nacional.
Para comprender la dimensión del evento ocurrido durante el gobierno de Alberto Fernández, es fundamental ponerlo en perspectiva. Desde la salida de la convertibilidad en 2002, la economía argentina ha experimentado al menos diez macrodevaluaciones, definidas como saltos cambiarios superiores al 5% en una sola jornada. Estos eventos, lejos de ser homogéneos, han tenido causas, magnitudes y consecuencias muy diferentes.

El podio de las devaluaciones más abruptas está liderado por la gestión de Mauricio Macri. A pocos días de asumir, el 17 de diciembre de 2015, se produjo una devaluación del 40,4% al unificar el tipo de cambio, marcando el salto diario más grande del período analizado. El mismo gobierno protagonizó otros episodios significativos: tras las elecciones PASO de 2019, el peso se devaluó un 15,5% el lunes 12 de agosto, seguido de otro 9,8% el miércoles siguiente. Un año antes, en agosto de 2018, se registró una devaluación del 13,7% que, sumada a la del día anterior, acumuló casi un 21% en una semana. Por su parte, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner también aplicó una devaluación del 12,4% en enero de 2014.
| Gobierno | Fecha | Devaluación (%) | Contexto |
|---|---|---|---|
| Mauricio Macri | 17 de diciembre de 2015 | 40,4% | Unificación cambiaria al inicio del mandato. |
| Alberto Fernández | 14 de agosto de 2023 | 22,8% | Post-PASO, como parte de un acuerdo con el FMI. |
| Mauricio Macri | 12 de agosto de 2019 | 15,5% | Reacción del mercado tras el resultado de las PASO. |
| Mauricio Macri | 30 de agosto de 2018 | 13,7% | Crisis cambiaria y corrida contra el peso. |
| Cristina F. de Kirchner | 23 de enero de 2014 | 12,4% | Ajuste cambiario para reducir la brecha. |
En este contexto, la gestión de Alberto Fernández se caracterizó por una estrategia de microdevaluaciones diarias (crawling peg) durante la mayor parte de su mandato. Hasta agosto de 2023, el mayor salto diario del dólar oficial había sido de apenas un 1,8% en febrero de 2020. La política buscaba evitar los shocks abruptos que, como demuestra la historia, suelen tener un fuerte impacto inflacionario.
Sin embargo, el escenario cambió drásticamente tras las elecciones PASO de 2023. En un marco de escasez extrema de divisas, agravada por una sequía histórica y las obligaciones con el FMI, el gobierno accedió a la exigencia del organismo y aplicó una devaluación del 22,8%. Este evento se convirtió en la segunda devaluación diaria más alta desde 2002 y la única macrodevaluación del gobierno de Fernández. Fue una medida condicionada por la negociación externa, más que una herramienta elegida por convicción dentro del plan económico.
Uno de los argumentos tradicionales a favor de una devaluación del tipo de cambio oficial es su capacidad para reducir la brecha con los dólares paralelos (como el blue o los financieros). Se espera que, al sincerar el valor del dólar oficial, se desincentiven las maniobras especulativas y se reequilibren los flujos de divisas. Sin embargo, la evidencia demuestra que este efecto es cada vez más débil y de corta duración.
La devaluación de enero de 2014 durante el gobierno de CFK logró reducir la brecha cambiaria de manera significativa durante casi ocho meses. Fue un resultado relativamente exitoso en ese aspecto. En contraste, la devaluación del 22,8% de agosto de 2023 tuvo un impacto efímero: la brecha se redujo drásticamente, pero solo durante dos días. Inmediatamente después, la presión sobre los dólares paralelos se reanudó y la brecha volvió a ampliarse con rapidez, demostrando que las causas de fondo, como la escasez de dólares y la desconfianza en el peso, no se habían resuelto.
Durante el gobierno de Alberto Fernández, el dólar blue tuvo 13 saltos diarios superiores al 5%. De ellos, solo uno fue una consecuencia directa de la devaluación oficial. En las otras 12 ocasiones, fue el mercado paralelo el que marcó el pulso, sin que el gobierno convalidara esos saltos con el tipo de cambio oficial, evidenciando una dinámica donde la incertidumbre y la demanda de cobertura priman sobre las decisiones de política económica.
Si la capacidad de las devaluaciones para cerrar la brecha se ha erosionado, su poder para acelerar la inflación se ha fortalecido. El fenómeno conocido como “pass-through” (traspaso a precios) es cada vez más rápido y profundo en la economía argentina. Cada salto del dólar repercute casi inmediatamente en la estructura de costos y en las expectativas de remarcación.

La historia reciente es elocuente:
Esta secuencia muestra una tendencia alarmante: las devaluaciones son cada vez más inflacionarias y sus efectos, más duraderos. En el caso del gobierno de Alberto Fernández, la devaluación de agosto de 2023 se sumó a una inercia de precios ya muy elevada, contribuyendo a la aceleración final que llevó la inflación acumulada de sus cuatro años de gestión a un total del 1020%, la cifra más alta en más de tres décadas.
La experiencia argentina reciente sugiere que el dólar se comporta de una manera particular, desafiando las lógicas económicas tradicionales. Mientras que en otros mercados un precio que se dispara tiende a corregir a la baja, en Argentina, una suba del dólar arrastra consigo al resto de los precios hacia arriba, en un ciclo que se retroalimenta. Esperar que una devaluación, en un contexto de escasez estructural de divisas, resuelva la brecha cambiaria sin generar una espiral inflacionaria parece ser, como indica la evidencia, un ejercicio de pensamiento mágico. La única macrodevaluación de la gestión de Alberto Fernández, forzada por circunstancias externas, no hizo más que confirmar esta dolorosa lección para la economía del país.
Realizó una sola macrodevaluación (superior al 5% diario). Fue del 22,8% el 14 de agosto de 2023, inmediatamente después de las elecciones PASO y como parte de las exigencias del FMI.
La mayor devaluación en un solo día desde 2002 fue del 40,4% y la llevó a cabo el gobierno de Mauricio Macri el 17 de diciembre de 2015, cuando se unificó el tipo de cambio.
Su efectividad ha disminuido drásticamente porque las causas de la brecha son estructurales: una profunda escasez de dólares, la naturaleza bimonetaria de la economía y una persistente desconfianza en el peso. Una devaluación no resuelve estos problemas de fondo y su efecto se vuelve muy breve.
El “pass-through” es el proceso por el cual una devaluación se traslada a los precios internos. La evidencia de la última década muestra que este traspaso es cada vez más rápido, más alto y más persistente, lo que significa que las devaluaciones tienen un costo inflacionario creciente.
La inflación total durante los cuatro años de su mandato (diciembre 2019 – diciembre 2023) fue del 1020%, la cifra más elevada de los últimos 30 años en Argentina, superada únicamente por los períodos de hiperinflación.
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