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El 2 de mayo de 1982 es una fecha grabada a fuego en la memoria colectiva de Argentina. Aquel día, en las gélidas aguas del Atlántico Sur, se escribió uno de los capítulos más dolorosos de la Guerra de Malvinas: el hundimiento del crucero ARA General Belgrano. Este trágico evento no solo representó la mayor pérdida de vidas para el país en un solo acto durante el conflicto, sino que también marcó un punto de no retorno en las hostilidades. La historia de este buque, sin embargo, es mucho más que su final; es la crónica de un veterano de los mares, un sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial que encontró su destino final bajo la bandera argentina.
La vida del crucero comenzó mucho antes de surcar los mares del sur. Fue construido en los Estados Unidos y botado en 1938 con el nombre de USS Phoenix. Su historial de servicio bajo la bandera norteamericana es digno de una leyenda. Antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, ya había visitado el puerto de Buenos Aires en un viaje de confraternidad, sin saber que décadas más tarde sería su hogar definitivo.

Su momento más icónico llegaría el 7 de diciembre de 1941. El USS Phoenix se encontraba anclado en la base naval de Pearl Harbor durante el sorpresivo y devastador ataque japonés que marcó la entrada de Estados Unidos en la guerra. Milagrosamente, fue una de las pocas naves que logró salir indemne del infierno de fuego y explosiones, zarpando para iniciar una distinguida carrera en el teatro de operaciones del Pacífico. Participó en batallas cruciales, desde el Mar de Java hasta las costas de Nueva Guinea y las Filipinas, cañoneando posiciones enemigas y participando en desembarcos clave como los de Borneo. Su robustez y la suerte de su tripulación eran notables; en cuatro años de combate casi ininterrumpido, sufrió una sola baja, un tripulante fallecido por la explosión de una bomba cercana en 1944.
Finalizada la guerra, el USS Phoenix fue retirado del servicio activo y descansó en Filadelfia. Su historia, sin embargo, estaba lejos de terminar. En 1951, el gobierno argentino adquirió el buque. Tras un reacondicionamiento, fue entregado oficialmente a la Armada Argentina el 17 de octubre de 1951, siendo rebautizado como ARA “17 de Octubre”. Bajo el mando de su primer comandante argentino, el capitán de navío Adolfo B. Piva, arribó a la Base Naval de Puerto Belgrano el 7 de diciembre de ese mismo año, exactamente una década después de su supervivencia en Pearl Harbor.
La vida política de Argentina también dejaría su huella en el navío. Tras la “Revolución Libertadora” de 1955, el buque fue nuevamente renombrado. El 22 de septiembre de ese año, por resolución del contralmirante Isaac Francisco Rojas, recibió su nombre definitivo y por el que pasaría a la historia: ARA General Belgrano, en honor al prócer de la independencia argentina. Durante esos eventos, sus cañones jugaron un papel en la consolidación del nuevo gobierno.
El ARA General Belgrano era una embarcación imponente, un verdadero coloso de acero que proyectaba el poder naval argentino. Sus especificaciones técnicas dan cuenta de su magnitud y capacidad, que lo convertían en una pieza clave de la Flota de Mar.
| Característica | Detalle |
|---|---|
| Desplazamiento Máximo | 13.470 toneladas |
| Eslora (Largo) | 186 metros |
| Manga (Ancho) | 18 metros |
| Propulsión | 4 hélices movidas por turbinas a vapor (10.000 HP) |
| Velocidad Máxima | 32,5 nudos (aprox. 60 km/h) |
| Autonomía | 14.500 millas marinas a 15 nudos |
| Armamento Principal | 15 cañones de 152mm en 5 torres triples |
| Armamento Secundario | 8 cañones de doble propósito, cañones antiaéreos |
| Modernización (1968) | Instalación de rampas para misiles Sea Cat |
| Capacidad Aérea | Cobertizo para seis aviones con dos catapultas |
| Tripulación | Aproximadamente 1.000 hombres (1.093 en su última misión) |
El 2 de mayo de 1982, el crucero navegaba al sudeste de la Isla de los Estados, cumpliendo una misión de patrullaje. Es crucial destacar que se encontraba fuera de la Zona de Exclusión Total de 200 millas náuticas que el Reino Unido había declarado unilateralmente alrededor de las Islas Malvinas. A las 17:00 horas, el submarino nuclear británico HMS Conqueror, que lo había estado siguiendo, disparó tres torpedos. Dos de ellos impactaron en el ARA General Belgrano. El primer torpedo golpeó la sala de máquinas de popa, dejando al buque sin energía y sellando el destino de muchos tripulantes en esa área. El segundo impactó en la proa, que se desprendió poco después.
La orden de abandonar el buque no tardó en llegar. En medio del caos, la tripulación inició la evacuación en las balsas salvavidas, enfrentándose a un mar embravecido con olas de varios metros y temperaturas bajo cero. El crucero se hundió rápidamente. En las horas y días siguientes, se desató una lucha por la supervivencia en las balsas, esperando un rescate que para muchos llegó demasiado tarde. De los 1.093 tripulantes a bordo, 323 perdieron la vida, convirtiéndose en la mitad de todas las bajas argentinas en la guerra. El ataque fue un golpe devastador, no solo en términos militares, sino también morales, y pulverizó las gestiones diplomáticas que en ese momento buscaban una salida pacífica al conflicto.

El hundimiento fue causado por el impacto de dos torpedos lanzados desde el submarino nuclear británico HMS Conqueror el 2 de mayo de 1982, durante la Guerra de Malvinas.
Fallecieron 323 de los 1.093 tripulantes que se encontraban a bordo. Esta cifra representa la mayor pérdida de vidas en un solo evento para Argentina durante toda la guerra.
Sí. En el momento del ataque, el ARA General Belgrano navegaba fuera de la zona de exclusión de 200 millas náuticas establecida por el Reino Unido. Este hecho ha sido, y sigue siendo, uno de los puntos más controvertidos del conflicto bélico.
Originalmente, se llamaba USS Phoenix y pertenecía a la Armada de los Estados Unidos. Fue un destacado veterano de la Segunda Guerra Mundial, famoso por haber sobrevivido al ataque a Pearl Harbor.
El hundimiento tuvo un triple impacto: fue la mayor tragedia humana para Argentina, representó una pérdida militar significativa al tratarse de una de las naves capitales de la flota, y provocó el fin de las negociaciones de paz que se estaban llevando a cabo, escalando el conflicto a una guerra total.
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