La camiseta de Argentina: 100% industria nacional
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“Yo no pido el mismo salario que Messi. Nosotras luchamos por la igualdad de inversiones, igualdad de oportunidades, programas juveniles, mismos fondos y recursos destinados al equipo”. La frase, acuñada por la legendaria futbolista estadounidense Megan Rapinoe, resuena con una fuerza particular en Argentina, un país donde el fútbol es una religión, pero donde el fervor no se traduce en equidad. La pasión por la pelota no distingue géneros, pero las condiciones, los salarios y las oportunidades sí lo hacen. Analizar cuánto cobra una jugadora de fútbol femenino en nuestro país es abrir una puerta a una realidad compleja, marcada por una profunda desigualdad, la lucha constante y un talento que florece a pesar de las adversidades.
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Para entender la dimensión del problema, basta con mirar las cifras oficiales. Según la última actualización de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) para 2024, la diferencia en los sueldos mínimos garantizados es abismal. Mientras que un futbolista de la primera división masculina tiene un salario básico de $595.000 pesos mensuales, una jugadora de la máxima categoría femenina percibe un mínimo de $377.000 pesos. Esto representa una diferencia del 37% en el punto de partida.

Sin embargo, este dato es solo la punta del iceberg. El verdadero abismo se encuentra en los salarios promedio y en los topes. En el fútbol masculino, no es extraño encontrar contratos que superan las seis cifras en dólares, con jugadores que pueden llegar a ganar más de 25 millones de pesos al mes. En contraste, la gran mayoría de las futbolistas femeninas perciben un sueldo cercano al básico, a menudo complementado con viáticos. Esta disparidad obliga a la mayoría a buscar un segundo empleo para poder subsistir, convirtiendo su carrera deportiva en una proeza de organización y sacrificio.
| Categoría | Sueldo Mínimo Básico Mensual |
|---|---|
| Primera División Masculina | $595.000 ARS |
| Primera División Femenina | $377.000 ARS |
El término clave para entender esta situación es semiprofesional. A diferencia de la liga masculina, donde todos los jugadores tienen contratos profesionales, en el fútbol femenino argentino no todas las futbolistas están contratadas. El reglamento actual de la AFA estipula que los clubes deben tener un mínimo de 15 jugadoras con contrato profesional en sus planteles. Esto deja a una porción significativa del plantel en una situación de amateurismo, sin un ingreso fijo por su dedicación.
La periodista Delfina Corti, especializada en deporte y género, arroja datos que pintan un cuadro completo de esta precariedad: “El 30% de las jugadoras de la máxima categoría aún son amateurs, el 3,3% son madres, sólo el 1% de los entrenadores son mujeres, la participación femenina en los cargos dirigenciales es del 6,8% y 6 de cada 100 árbitros son mujeres”. Estas cifras no solo hablan de salarios, sino de una estructura completa que aún tiene un largo camino por recorrer en materia de inclusión e igualdad.
Un estudio global publicado en 2023 por el Sindicato Internacional de Futbolistas (FIFPro) confirmó que esta no es solo una problemática local, sino una tendencia mundial preocupante. El informe reveló que “más de la mitad (66%) de las jugadoras han tenido que pedir permiso (retribuido o no) en su segundo empleo para asistir a las competiciones”. Esta doble jornada laboral no solo genera un desgaste físico y mental, sino que limita el potencial de las deportistas, quienes no pueden dedicarse al 100% al entrenamiento, la recuperación y la preparación que exige la alta competencia.
La brecha salarial no es exclusiva del fútbol. Al observar otras disciplinas populares en Argentina, el patrón de desigualdad se repite con una crudeza alarmante.

Una de las causas y, a la vez, consecuencias de esta disparidad económica es la falta de visibilidad. Menos cobertura mediática se traduce en menos interés del público general, lo que a su vez dificulta la llegada de sponsors, publicidad y campañas de marketing. Es un círculo vicioso que frena el crecimiento.
La histórica revista El Gráfico es un termómetro de esta realidad. Según un análisis de la periodista Magalí Robles, de sus 4.489 tapas publicadas entre 1919 y 2018, solamente 300 fueron protagonizadas por mujeres. Lo más llamativo es el retroceso: hasta 1969, el destaque femenino fue del 10%; desde la década del 70 hasta su cierre, no llegó ni al 2%.
Un informe del Observatorio de Género de los Juegos Olímpicos de 2016 reveló que, en medios latinoamericanos, las mujeres son el tema central en solo el 4% de las noticias deportivas. Curiosamente, durante los Juegos, esa cifra ascendió al 39%, demostrando que cuando se ofrece el contenido, el interés del público existe. La falta de cobertura no responde a una falta de demanda, sino a una decisión editorial que históricamente ha priorizado el deporte masculino.
A pesar de las dificultades estructurales a nivel local, el talento argentino logra destacarse en el escenario internacional. El ranking mundial de clubes de la IFFHS (Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol) para 2023, liderado por el FC Barcelona, muestra la presencia de varios equipos argentinos entre los mejores 200 del mundo.
Boca Juniors aparece como el mejor posicionado del país en el puesto 26. Más atrás se encuentran UAI Urquiza (70), Racing Club (114), River Plate (123), San Lorenzo (142), Huracán (161) y Gimnasia y Esgrima La Plata (189). Esta presencia demuestra que existe una base de talento y competitividad que podría explotar con mayor inversión y apoyo estructural.

El sueldo mínimo básico establecido por AFA para una jugadora de primera división en 2024 es de $377.000 pesos argentinos mensuales. Este monto es un 37% inferior al sueldo mínimo de un jugador de primera división masculina ($595.000).
Se considera semiprofesional porque no todas las jugadoras del plantel tienen la obligación de tener un contrato. El reglamento exige a los clubes un mínimo de 15 contratos profesionales por equipo, lo que significa que una parte del plantel (alrededor del 30%) sigue compitiendo de manera amateur, sin remuneración fija.
Sí, los clubes que compiten en la máxima categoría del fútbol masculino argentino tienen la obligación de presentar un equipo en el torneo de fútbol femenino. La lista incluye a los grandes como Boca Juniors, River Plate, Racing, Independiente y San Lorenzo, así como a muchos otros clubes de todo el país.
Según el ranking mundial de clubes de la IFFHS de 2023, el mejor equipo del mundo es el FC Barcelona de España. El club catalán ha dominado la escena europea y mundial en los últimos años, ganando la UEFA Champions League y múltiples títulos locales.
En conclusión, el camino hacia la equidad en el fútbol femenino argentino es largo y complejo. La lucha no es por ganar lo mismo que Messi, como bien señaló Rapinoe, sino por tener las mismas oportunidades, la misma inversión en infraestructura, el mismo apoyo de los medios y, fundamentalmente, el derecho a ser consideradas profesionales plenas, capaces de vivir de su talento y su pasión. El potencial está a la vista; solo falta que la estructura del deporte más popular del país finalmente esté a la altura.
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