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Muchos transeúntes y pasajeros del Ferrocarril Belgrano Norte se preguntan por esa estructura silenciosa y detenida en el tiempo que yace en el barrio de Belgrano. Se trata de la antigua estación Raúl Scalabrini Ortiz, un nombre que resuena con fuerza en la historia del pensamiento nacional argentino y que guarda una conexión intrínseca con la filosofía que dio origen a empresas estatales como YPF. Aunque hoy es una estación fantasma, clausurada en 2015, su historia y el porqué de su nombre nos invitan a un viaje mucho más profundo que un simple recorrido en tren: un viaje al corazón de la lucha por la soberanía nacional.

Para entender el significado de la estación, primero debemos conocer al hombre. Raúl Scalabrini Ortiz (1898-1959) no fue un político tradicional, sino un pensador, periodista, historiador y ensayista fundamental del siglo XX en Argentina. Fue una de las mentes más lúcidas y combativas del nacionalismo popular, un intelectual que dedicó su vida a desentrañar y denunciar los mecanismos de dependencia económica y cultural que, según él, ataban al país a intereses extranjeros.
Su obra más célebre, “Historia de los ferrocarriles argentinos”, es un análisis demoledor de cómo la red ferroviaria, diseñada y controlada por capitales británicos, no servía para conectar e integrar a la Argentina, sino para drenar sus riquezas hacia el puerto de Buenos Aires y, desde allí, a Europa. Para Scalabrini Ortiz, los ferrocarriles y el petróleo eran las dos columnas vertebrales de la independencia económica. Por ello, fue un defensor inclaudicable de la nacionalización de los trenes y un ferviente promotor de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), viendo en la empresa estatal fundada por el General Mosconi el instrumento clave para garantizar el autoabastecimiento energético y el desarrollo industrial autónomo del país.
Físicamente, la estación Raúl Scalabrini Ortiz se encuentra en el barrio de Belgrano, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entre la Avenida de los Ombúes y la Ciudad Universitaria. Su existencia llegó a su fin en 2015, cuando fue oficialmente reemplazada por la moderna estación Ciudad Universitaria, construida aproximadamente 800 metros más al norte para servir mejor a la comunidad estudiantil.
Hoy, la estación es un vestigio del pasado. Sus dos andenes laterales, antes llenos del bullicio de pasajeros, ahora están vacíos y cubiertos por el avance de la vegetación. El puente peatonal que permitía el cruce sobre las transitadas avenidas Lugones y Cantilo aún se mantiene en pie, un esqueleto de hierro y hormigón que conecta a ninguna parte. Curiosamente, una de sus últimas modificaciones fue en 2010, cuando se le añadió una rampa en zigzag para mejorar la accesibilidad, una modernización que llegó poco antes de su cierre definitivo.
Caminar cerca de sus inmediaciones es una experiencia casi arqueológica. Las boleterías están tapiadas, la cabina de señales ha enmudecido para siempre y los baños están sellados. Sin embargo, como si se resistieran al olvido, algunos carteles nomencladores con su nombre aún persisten, descoloridos por el sol y la intemperie, recordando a un hombre cuyas ideas sobre la soberanía siguen siendo debatidas.
Para comprender mejor el cambio que supuso su clausura, podemos comparar la antigua estación con su sucesora.
| Característica | Estación Raúl Scalabrini Ortiz | Estación Ciudad Universitaria |
|---|---|---|
| Estado Actual | Clausurada y en estado de abandono | Activa y operativa |
| Ubicación Exacta | Proximidades del cruce con Av. de los Ombúes | 800 metros al norte, frente al Pabellón 3 de la UBA |
| Infraestructura | Dos andenes laterales bajos, puente peatonal antiguo | Andenes elevados, refugios modernos, accesibilidad total |
| Propósito Principal | General, conexión barrial | Servir principalmente a la comunidad de Ciudad Universitaria |
| Año de Cierre/Inauguración | Clausurada en 2015 | Inaugurada en 2015 |
Nombrar una estación ferroviaria en su honor no fue una casualidad. Fue un reconocimiento a su lucha incansable por poner la infraestructura y los recursos estratégicos al servicio del proyecto nacional. Para Scalabrini Ortiz, YPF no era simplemente una empresa petrolera; era la herramienta fundamental para que Argentina dejara de ser una simple exportadora de materias primas y se convirtiera en una nación industrializada.
Él entendía que sin control sobre la energía, no podía haber verdadera independencia. Su pensamiento se alineaba perfectamente con el del General Enrique Mosconi, quien afirmaba que entregar el petróleo era como entregar la bandera. Esta visión compartida posicionaba a YPF como un baluarte de la soberanía, un motor para el desarrollo de otras industrias y una garantía para que la riqueza generada por los recursos del subsuelo se quedara en el país.
El abandono de la estación que lleva su nombre puede leerse como una metáfora. Mientras el progreso demanda nuevas infraestructuras más eficientes, como la estación Ciudad Universitaria, el silencio de la vieja estructura nos interpela sobre la vigencia de las ideas de Scalabrini Ortiz. En un mundo globalizado, su llamado a defender los recursos estratégicos y a pensar en un proyecto de país autónomo sigue siendo un eco potente que resuena desde esa estación fantasma de Belgrano.
No. La estación está clausurada y no es accesible al público. Su estructura se encuentra en estado de abandono y puede ser peligrosa. Solo es posible observarla desde el exterior, desde las avenidas aledañas o desde el tren en movimiento.
La principal razón fue logística. Con el crecimiento de la Ciudad Universitaria de la UBA, se hizo evidente la necesidad de una estación más cercana, moderna y con mejor accesibilidad para los miles de estudiantes y personal que asisten diariamente. La estación Ciudad Universitaria cumplió con ese objetivo, haciendo redundante a la antigua Scalabrini Ortiz.
Sí, Raúl Scalabrini Ortiz es una figura reconocida en la nomenclatura argentina. Una importante avenida en la Ciudad de Buenos Aires lleva su nombre, así como calles, plazas y escuelas en distintas partes del país, manteniendo vivo su legado.
Él veía a YPF como la pieza clave para la independencia económica de Argentina. Creía firmemente que el control estatal sobre el petróleo era indispensable para impulsar la industria nacional, garantizar el autoabastecimiento energético y evitar que las ganancias de un recurso tan vital fueran a parar a manos de corporaciones extranjeras.
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