YPF y Repsol: Crónica de una Expropiación
Descubre la intensa historia detrás de la expropiación de YPF a Repsol por el gobierno...
En el competitivo mundo de la agricultura moderna, cada decisión cuenta. La eficiencia en el control de malezas es un pilar fundamental para asegurar la productividad y rentabilidad de cualquier cultivo. El glifosato se ha consolidado como una herramienta indispensable para el productor agropecuario debido a su alta eficacia contra una amplia gama de malezas y su excelente relación costo-beneficio. Sin embargo, para liberar todo su potencial, no basta con aplicarlo; es crucial entender cómo optimizar su rendimiento. Desde YPF Agro, comprometidos con el desarrollo y la sostenibilidad del campo, hemos preparado esta guía completa para resolver una de las dudas más frecuentes: cómo y cuánto sulfato de amonio añadir a la mezcla para potenciar la acción del herbicida y garantizar resultados superiores.

Al seleccionar un herbicida a base de glifosato, es común encontrarse con términos como “ingrediente activo” (i.a.) y “equivalente ácido” (e.a.). Aunque parezcan similares, comprender su diferencia es el primer paso hacia una aplicación exitosa. El ingrediente activo, que figura en la etiqueta, se refiere a la sal de glifosato completa presente en el producto (por ejemplo, sal de potasio, isopropilamina, etc.). Esta sal es simplemente el vehículo que permite formular el producto de manera concentrada y estable.
Sin embargo, la verdadera acción herbicida reside en la porción ácida de la molécula. Por ello, el dato crucial que debemos buscar y utilizar para nuestros cálculos es el equivalente ácido (e.a.). Este valor nos indica la cantidad neta de glifosato con capacidad para controlar las malezas por litro o galón de producto. Diferentes formulaciones en el mercado presentan distintas concentraciones de e.a., lo que significa que la dosis de aplicación en litros por hectárea variará de un producto a otro para lograr el mismo efecto. Ignorar este detalle puede llevar a subdosificaciones, que resultan en un control deficiente y fomentan la aparición de resistencia, o a sobredosificaciones, que representan un gasto innecesario y un mayor impacto ambiental.
La dosis estándar recomendada para la mayoría de las aplicaciones de post-emergencia en cultivos resistentes al glifosato es de 0.75 libras de equivalente ácido por acre (aproximadamente 0.84 kg de e.a. por hectárea). Para determinar cuántos litros o mililitros de producto comercial se necesitan para alcanzar esta dosis, es imprescindible consultar la etiqueta y conocer la concentración de e.a. del producto que estamos utilizando.
A continuación, presentamos una tabla comparativa que ilustra cómo varía la dosis de aplicación según la formulación del glifosato para alcanzar la dosis estándar y dosis más altas para situaciones de mayor infestación o malezas más desarrolladas.
| Formulación de Glifosato (lbs e.a./gal) | Formulación de Glifosato (gramos e.a./litro) | Dosis Estándar (0.75 lbs e.a./acre) | Dosis 1.5x (1.13 lbs e.a./acre) | Dosis 2x (1.5 lbs e.a./acre) |
|---|---|---|---|---|
| 3 | 360 g/L | 32 fl oz/acre (~2.3 L/ha) | 48 fl oz/acre (~3.5 L/ha) | 64 fl oz/acre (~4.7 L/ha) |
| 3.7 | 443 g/L | 26 fl oz/acre (~1.9 L/ha) | 39 fl oz/acre (~2.8 L/ha) | 52 fl oz/acre (~3.8 L/ha) |
| 4 | 480 g/L | 24 fl oz/acre (~1.75 L/ha) | 36 fl oz/acre (~2.6 L/ha) | 48 fl oz/acre (~3.5 L/ha) |
| 4.5 | 540 g/L | 22 fl oz/acre (~1.6 L/ha) | 32 fl oz/acre (~2.3 L/ha) | 44 fl oz/acre (~3.2 L/ha) |
| 5 | 600 g/L | 20 fl oz/acre (~1.5 L/ha) | 30 fl oz/acre (~2.2 L/ha) | 40 fl oz/acre (~2.9 L/ha) |
Es fundamental resistir la tentación de aplicar una “dosis reducida” para ahorrar costos a corto plazo. Esta práctica es una de las principales causas del desarrollo de malezas resistentes, un problema que a largo plazo resulta mucho más costoso y difícil de manejar. Utilizar siempre la dosis completa recomendada en la etiqueta es una inversión en la sostenibilidad de la herramienta y la productividad futura de su campo.
Aquí llegamos al corazón de la consulta: el uso de sulfato de amonio. Su función principal no es nutrir la planta, sino actuar como un acondicionador del agua utilizada para la pulverización. La calidad del agua es un factor a menudo subestimado que puede reducir drásticamente la efectividad del glifosato. Las aguas “duras”, ricas en cationes con carga positiva como el calcio (Ca2+), magnesio (Mg2+) y hierro (Fe2+), son el enemigo número uno del glifosato.
La molécula de glifosato tiene una carga negativa y, en presencia de estos cationes, se une a ellos formando complejos inactivos. Este proceso, conocido como secuestro, impide que el herbicida sea absorbido por la maleza, volviéndolo ineficaz. Aquí es donde el sulfato de amonio (AMS) interviene de manera magistral. El componente sulfato (SO4-) del AMS también tiene carga negativa y una afinidad mucho mayor por los cationes del agua dura. Al añadir AMS al tanque *antes* que el glifosato, los iones de sulfato se unen preferentemente al calcio, magnesio y hierro, neutralizándolos. De esta manera, las moléculas de glifosato quedan libres y disponibles para ser absorbidas por las malezas y ejercer su acción herbicida.
La dosis recomendada de sulfato de amonio granulado de grado pulverizable es de 8.5 a 17 libras por cada 100 galones de solución de pulverización. Esto equivale aproximadamente a 1 a 2 kilogramos por cada 100 litros de agua (una concentración del 1% al 2% p/v). La dosis más alta (17 lbs o 2%) se recomienda para aguas extremadamente duras. Es crucial respetar el orden de mezclado: siempre disolver completamente el AMS en el agua del tanque antes de agregar el glifosato u otros productos.
Además del AMS, muchos productos de glifosato requieren la adición de un surfactante no iónico (NIS) para mejorar la cobertura y penetración en las hojas de las malezas. Algunos productos de YPF Agro ya vienen “totalmente cargados”, es decir, con el surfactante incorporado en su formulación. Revise siempre la etiqueta para confirmar si necesita añadirlo. Si es necesario, la dosis suele ser del 0.25% al 1.0% del volumen total de la solución.
El momento de la aplicación es otro factor determinante. El glifosato es más efectivo en malezas pequeñas y en activo crecimiento, generalmente de menos de 10 cm de altura. Aplicar sobre malezas más grandes o estresadas por sequía o frío resultará en un control deficiente.
La creciente amenaza de las malezas resistentes nos obliga a pensar más allá de una sola herramienta. La dependencia excesiva del glifosato ha acelerado este problema a nivel global. Desde YPF Agro, promovemos un enfoque de Manejo Integrado de Malezas que combina diversas estrategias para garantizar la sostenibilidad a largo plazo.
Esto incluye la rotación de cultivos, el uso de cultivos de cobertura y, fundamentalmente, la rotación de modos de acción de los herbicidas. La incorporación de herbicidas preemergentes en la estrategia de control es una práctica clave. Estos productos controlan las malezas antes de que nazcan, reduciendo la presión de selección sobre el glifosato y permitiendo que este sea más efectivo en las aplicaciones de post-emergencia. Un campo más limpio desde el inicio es la mejor garantía de un cultivo exitoso.
La dosis estándar es de 8.5 a 17 libras de AMS por cada 100 galones de agua, lo que equivale a una concentración del 1% al 2% (1 a 2 kg por cada 100 litros de agua). La dosis más alta se usa para aguas de mayor dureza.
No. Otros fertilizantes como la urea o el UAN (nitrato de amonio ureico) no tienen el mismo efecto acondicionador del agua. La clave está en el ion sulfato (SO4-), que es el que neutraliza los cationes del agua dura. El uso de otros productos no garantizará la protección de la molécula de glifosato.
El equivalente ácido (e.a.) indica la cantidad real de herbicida activo en el producto. Es el valor que se debe usar para calcular la dosis correcta por hectárea. Basar el cálculo en el “ingrediente activo” o simplemente en los litros del producto comercial puede llevar a errores de dosificación significativos.
La eficacia del glifosato disminuye drásticamente en malezas de más de 10-15 cm de altura. Las plantas más grandes tienen sistemas radiculares más desarrollados y menor superficie foliar en relación a su biomasa, lo que dificulta la translocación del herbicida en cantidad suficiente para ser letal. El resultado será un control parcial o nulo.
Definitivamente no. Es una de las peores prácticas agrícolas. Aplicar dosis subletales no elimina por completo las poblaciones de malezas y permite que los individuos más tolerantes sobrevivan y se reproduzcan, acelerando la selección de biotipos resistentes. A largo plazo, el costo de manejar la resistencia es mucho mayor que el ahorro inicial.
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