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La Expropiación Petrolera: Soberanía y Desafío

Por cruce · · 10 min lectura

El 18 de marzo de 1938 marcó un antes y un después en la historia moderna de México. La decisión del presidente Lázaro Cárdenas de expropiar la industria petrolera, hasta entonces en manos de compañías extranjeras, no fue solo un acto administrativo, sino una audaz declaración de soberanía nacional. Fundamentada en el artículo 27 de la Constitución de 1917, esta medida buscaba retomar el control sobre un recurso estratégico vital para el desarrollo del país. Sin embargo, este acto de autoafirmación desencadenó una compleja cadena de eventos que pusieron a prueba la resiliencia económica, la unidad del pueblo y la habilidad diplomática de la nación mexicana frente a las potencias más grandes del mundo.

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El Clamor Popular: Un Pueblo Unido por su Riqueza

La respuesta del pueblo mexicano a la expropiación fue inmediata y abrumadora. Lejos de ser una decisión impopular, fue recibida con un fervor patriótico sin precedentes. Más de veinte mil personas inundaron el Zócalo de la Ciudad de México en una manifestación masiva de apoyo al presidente Cárdenas. La concentración contó con la presencia de miembros de las principales centrales obreras, funcionarios públicos, diputados y senadores, demostrando un frente unido desde las bases trabajadoras hasta las más altas esferas del poder. Este fenómeno no se limitó a la capital; en diversos estados de la República se replicaron las marchas y concentraciones, tejiendo una red de respaldo nacional.

El apoyo no fue meramente simbólico. En un gesto histórico de solidaridad, entre el 12 y 13 de abril, el majestuoso Palacio de Bellas Artes se transformó en un centro de acopio. Miles de ciudadanos de todas las clases sociales acudieron a donar sus bienes más preciados para contribuir al fondo destinado a pagar la indemnización a las compañías extranjeras. Desde joyas y ahorros personales hasta animales de granja, el pueblo de México demostró con hechos su compromiso con la causa. La documentación conservada en el Archivo General de la Nación da fe de este torrente de cartas, telegramas y giros monetarios que fluyeron durante meses, consolidando la expropiación no solo como un decreto presidencial, sino como una voluntad popular.

La Reacción Internacional: Presión y Amenazas de las Potencias

Mientras México celebraba, en Washington y Londres la noticia cayó como una bomba. Las reacciones de Estados Unidos y Gran Bretaña fueron severas y coordinadas. Josephus Daniels, el embajador estadounidense, informó a su gobierno que la medida de Cárdenas era una respuesta al temor de una alianza de las compañías extranjeras para desestabilizar la economía mexicana. Sin embargo, la diplomacia oficial fue mucho más dura.

El subsecretario del Departamento de Estado, Summer Wells, advirtió que la expropiación tendría consecuencias directas en otras negociaciones bilaterales, como las relativas a los límites fronterizos y un posible acuerdo comercial. El gobierno británico fue aún más directo, enviando notas diplomáticas en las que calificaba el decreto como un acto de “confiscación” y declaraba que los fallos de la justicia mexicana eran parciales e injustos. Las compañías afectadas, por su parte, exigieron al gobierno de EE.UU. una acción inmediata para recuperar sus bienes, valuados por ellas en 450 millones de dólares, y demandaron una indemnización inmediata.

La presión escaló rápidamente. Sectores antimexicanos en el Congreso estadounidense, en alianza con los directivos de las petroleras, lanzaron una intensa campaña de desprestigio contra el gobierno de Cárdenas. El Secretario de Estado, Cordell Hull, endureció la postura, exigiendo no solo el pago inmediato a las petroleras, sino también la reintegración de sus propiedades y la compensación a ciudadanos estadounidenses afectados por la reforma agraria. La tensión era palpable, y el embajador Daniels tuvo que intervenir para moderar los ánimos y evitar una ruptura diplomática total.

Impacto Económico: Devaluación, Boicot y Resistencia

Las consecuencias económicas de la expropiación y la subsecuente reacción internacional se sintieron de inmediato en el sistema financiero mexicano. Antes de finalizar marzo de 1938, el peso sufrió una considerable devaluación frente al dólar, pasando de 3.60 a 4.15 pesos por dólar. Este golpe impactó directamente en el comercio, afectando la importación y exportación de productos agrícolas, mineros y manufacturados.

A la devaluación se sumó un boicot coordinado. Estados Unidos y Gran Bretaña acordaron restringir el acceso de México al mercado petrolero internacional. Además, el presidente Franklin D. Roosevelt ordenó una reducción en la compra de plata mexicana, un pilar de la minería nacional, ahogando aún más las finanzas del país. Ante este panorama, el presidente Cárdenas anunció una medida audaz: el veinte por ciento de todas las ventas de petróleo se destinaría a un fondo especial para el pago de la deuda, demostrando la voluntad de México de cumplir con sus obligaciones, pero bajo sus propios términos.

El Nacimiento de un Gigante: La Creación de PEMEX

Para gestionar la nueva industria nacionalizada, el 7 de junio de 1938 se publicó el decreto presidencial que creó Petróleos Mexicanos (PEMEX). Esta nueva empresa estatal recibió facultades plenas para la exploración, explotación, refinación y distribución del petróleo, consolidando el control del Estado sobre toda la cadena productiva. Vicente Cortés Herrera fue nombrado su primer director.

El nacimiento de PEMEX no habría sido posible sin el compromiso de sus trabajadores. En un acto de patriotismo laboral, los sindicatos petroleros aceptaron una reducción salarial de hasta un quince por ciento y un aumento de la jornada laboral a 44 horas semanales. Renunciaron a ciertas prestaciones con el objetivo de colaborar en el fortalecimiento de la empresa y asegurar el éxito de la industria nacionalizada. Este sacrificio fue fundamental para que PEMEX pudiera iniciar sus operaciones en un entorno de extrema dificultad técnica y financiera.

Un Tablero Geopolítico en Vísperas de la Guerra

El boicot de las potencias democráticas obligó a México a buscar nuevos mercados para su petróleo. En un movimiento pragmático y controvertido, el gobierno de Cárdenas comenzó a negociar con las naciones que pronto conformarían el Eje. En julio de 1938, se acordó la venta de petróleo a la Alemania nazi por un valor de diez millones de dólares. Acuerdos similares se perfilaron con la Italia fascista. Estas transacciones, aunque necesarias para la supervivencia económica de México, fueron vistas con gran recelo por Estados Unidos y Gran Bretaña, quienes veían cómo un recurso estratégico vital estaba alimentando la maquinaria de guerra de sus futuros enemigos.

Este contexto geopolítico, con la Segunda Guerra Mundial en el horizonte, cambió la dinámica de las negociaciones. La necesidad de asegurar el petróleo y mantener a México como un aliado en el hemisferio comenzó a pesar más en la balanza para Washington que la defensa a ultranza de los intereses de las compañías petroleras.

La Larga Batalla por la Indemnización

Las negociaciones para la indemnización fueron un largo y complejo tira y afloja. Las posturas iniciales eran diametralmente opuestas, como se puede apreciar en la siguiente tabla comparativa:

Postura del Gobierno Mexicano Exigencias de las Compañías Extranjeras
Pago de una indemnización justa, negociada y basada en el valor fiscal de las instalaciones y costos de exploración. Pago inmediato de 450 millones de dólares.
Rechazo total a la devolución de las propiedades expropiadas. Devolución de todas las propiedades y activos.
El valor del hidrocarburo no extraído no sería parte de la indemnización. Participación del 70% en la producción futura de la industria.
Rechazo al arbitraje internacional que contraviniera las leyes mexicanas. Solicitud de arbitraje internacional y colaboración técnica forzosa en PEMEX.

El presidente Cárdenas rechazó de plano las propuestas más extremas de las compañías. Sin embargo, la disposición a negociar se mantuvo. Un punto de inflexión llegó a finales de 1939, cuando Cárdenas aceptó un acuerdo con la compañía Sinclair por veinticuatro millones de dólares más quince millones de barriles de crudo. Este acuerdo sentó un precedente y demostró que era posible llegar a soluciones negociadas, debilitando el frente unido de las petroleras y suavizando la postura del gobierno estadounidense.

Consolidación Jurídica: Blindando la Soberanía

Para cerrar cualquier resquicio legal, el gobierno mexicano reforzó su marco jurídico. El 2 de diciembre de 1939, la Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió un fallo inapelable que otorgó certeza jurídica definitiva a la expropiación, ratificándola como una medida constitucional basada en el dominio del Estado sobre el subsuelo. Finalmente, el 27 de diciembre se adicionó el párrafo sexto al artículo 27 constitucional, estableciendo de manera explícita que el petróleo y los hidrocarburos no podrían ser objeto de concesiones privadas, blindando así el control nacional sobre estos recursos para el futuro.

Preguntas Frecuentes

¿Por qué México expropió el petróleo en 1938?

La expropiación fue una reacción del gobierno de Lázaro Cárdenas ante las estratagemas legales de las compañías extranjeras para no acatar la legislación mexicana derivada de la Constitución de 1917, y por el temor a que estas empresas formaran una alianza para perjudicar la economía nacional.

¿Cómo reaccionó el pueblo mexicano?

Con un apoyo masivo y unánime. Hubo manifestaciones multitudinarias en todo el país y una colecta nacional en la que ciudadanos de todas las clases sociales donaron dinero y bienes para ayudar a pagar la indemnización.

¿Cuáles fueron las consecuencias económicas inmediatas?

A corto plazo, hubo una fuerte devaluación del peso, una interrupción del comercio y un boicot internacional liderado por EE.UU. y Gran Bretaña, que restringieron la compra de petróleo y plata mexicanos.

¿Cómo se resolvió el conflicto por el pago a las compañías?

A través de largas y tensas negociaciones diplomáticas. La firmeza del gobierno mexicano, el contexto de la inminente Segunda Guerra Mundial y la estrategia de negociar con las compañías por separado (empezando con Sinclair) permitieron llegar a acuerdos de indemnización sin ceder la propiedad ni el control de la industria.