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En la historia de la industria argentina, pocos nombres resuenan con la fuerza y el peso del metal forjado como el del General de División Manuel Nicolás Aristóbulo Savio. Más que un militar, Savio fue un estratega de la soberanía nacional, un visionario que entendió que la verdadera independencia de una nación no se mide solo en sus fronteras, sino en la capacidad de producir, transformar y construir su propio futuro. Su vida y obra están intrínsecamente ligadas al nacimiento de la industria pesada en Argentina, un sueño materializado en el rugido de los altos hornos y en la creación de un coloso: la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina, más conocida como SOMISA.

Nacido en Buenos Aires el 15 de marzo de 1892, Manuel Savio inició su camino en el Colegio Militar de la Nación en 1909. Su carrera fue un ascenso constante y meritorio, pero a diferencia de muchos de sus contemporáneos, su mirada trascendía las tácticas del campo de batalla. Savio se graduó como ingeniero militar en 1931, una especialización que definiría su destino y el de la industria argentina. Veía en la ingeniería y en el desarrollo industrial las herramientas fundamentales para garantizar la defensa y el progreso del país.
Su principal preocupación fue sacar a la Argentina de su rol de simple exportador de materias primas para convertirla en una potencia industrial. Este anhelo lo llevó a ser el principal impulsor de la fundación de la Escuela Superior Técnica en 1930, hoy Facultad de Ingeniería del Ejército, sentando las bases para la formación de los profesionales que el país necesitaría para su gran salto industrial.
El proyecto más ambicioso de Savio comenzó a tomar forma con la creación de la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), establecida por la ley 12.709 en 1941. Nombrado como su primer director, Savio desplegó una actividad febril y una capacidad de gestión extraordinaria. Bajo su liderazgo, la DGFM no fue solo una fábrica de armamento, sino el embrión de un complejo industrial diversificado y estratégico.
Entre 1941 y 1948, su gestión fue prolífica y transformadora. Los hitos de este período son testimonio de su visión:
La experiencia en Fabricaciones Militares fue el preludio de su obra cumbre: el Plan Siderúrgico Argentino, conocido popularmente como el “Plan Savio”. Presentado en 1946 y aprobado por la Ley 12.987 en 1947 durante la presidencia de Juan Domingo Perón, este plan era una hoja de ruta detallada para que Argentina dominara el ciclo completo de la producción de acero.
El corazón de este plan era la creación de la SOMISA (Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina), una empresa con capital mayoritariamente estatal (80%) que tendría la misión de construir y operar una planta siderúrgica de gran escala. El objetivo era claro: abastecer a las florecientes industrias automotriz, de la construcción, de maquinaria agrícola y de línea blanca, reduciendo la dependencia de las importaciones y generando un efecto multiplicador en toda la economía.
Savio fue su primer presidente, pero su sorpresiva muerte en 1948, a los 56 años, dejó su proyecto más querido en suspenso. El General no llegó a ver el humo de las chimeneas de la planta que había diseñado, pero su plan ya era una política de Estado.
El sueño de Savio finalmente se materializó años después. La construcción de la planta, ubicada estratégicamente en Punta Argerich, en el límite de los partidos de Ramallo y San Nicolás, fue una prioridad durante los años 50. Finalmente, el 25 de julio de 1960, bajo la presidencia de Arturo Frondizi, se inauguró oficialmente la Planta Siderúrgica General de División Manuel N. Savio.
El 20 de mayo de 1961 se encendió el Alto Horno N° 1 y se produjo la primera colada de arrabio, un eco de aquel hito fundacional en Zapla. Con una capacidad inicial de 632.000 toneladas anuales de acero, SOMISA se convirtió rápidamente en la columna vertebral de la industria nacional. En su apogeo, a mediados de 1990, empleaba a casi 15.000 trabajadores y era una de las empresas de mayor facturación del país.
Sin embargo, la década de 1990 trajo vientos de cambio radical. En el marco de un amplio proceso de privatizaciones durante el gobierno de Carlos Menem, SOMISA fue intervenida. La empresa, históricamente rentable, comenzó a registrar un déficit operativo significativo, acumulando una deuda considerable en un corto período. Tras un drástico recorte de personal y un proceso controvertido, en 1992 el 80% del paquete accionario fue vendido a un consorcio liderado por el grupo Techint. La empresa fue rebautizada primero como Aceros Paraná, luego Siderar y hoy opera bajo el nombre de Ternium, manteniendo su posición como un actor clave en la siderurgia latinoamericana.
| Año | Acontecimiento |
|---|---|
| 1892 | Nacimiento de Manuel Nicolás Savio en Buenos Aires. |
| 1930 | Impulsa la creación de la Escuela Superior Técnica del Ejército. |
| 1941 | Se crea por ley la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), con Savio como director. |
| 1945 | Se realiza la primera colada de arrabio en los Altos Hornos Zapla (Jujuy). |
| 1947 | Se aprueba la Ley 12.987, conocida como “Plan Savio”, que crea SOMISA. |
| 1948 | Fallecimiento del General Manuel Savio. |
| 1960 | Inauguración de la Planta Siderúrgica “Gral. Manuel N. Savio” de SOMISA. |
| 1992 | Privatización de SOMISA, que pasa a manos del grupo Techint. |
El General Manuel Savio fue un militar e ingeniero argentino, considerado el “padre de la siderurgia argentina”. Dedicó su vida a promover la industrialización del país como pilar de la soberanía nacional, creando la Dirección General de Fabricaciones Militares e ideando el Plan Siderúrgico Nacional que dio origen a SOMISA.
SOMISA (Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina) fue la mayor empresa siderúrgica estatal de Argentina. Creada en 1947 por el Plan Savio, su planta principal se inauguró en 1960. Fue el motor de la industria pesada del país durante décadas hasta su privatización en 1992.
Fue un plan estratégico que buscaba que Argentina produjera su propio acero, un insumo básico para cualquier nación industrializada. Su objetivo era reducir la dependencia de las importaciones, fomentar el desarrollo de industrias nacionales (automotriz, construcción, etc.) y fortalecer la economía y la defensa del país.
El legado de Savio es la idea de una Argentina industrialmente soberana. Aunque muchos de sus proyectos se concretaron después de su muerte, su visión y su capacidad de ejecución sentaron las bases para el desarrollo de la industria pesada, la minería y la química en el país. Su nombre es sinónimo de planificación estratégica y de un patriotismo enfocado en el desarrollo económico y tecnológico.
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