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La familia Eskenazi representa una de las dinastías empresariales más influyentes y poderosas de Argentina. Su nombre está indisolublemente ligado a dos de los sectores más lucrativos de la economía: el energético, a través de su significativa participación en YPF, y el financiero, con la administración de importantes entidades bancarias. Sin embargo, detrás de la fachada de un imperio en constante expansión, se teje una compleja red de relaciones familiares marcada por la lucha por el poder, la preferencia paternal y una fractura que ha dividido a los hermanos, definiendo el destino y la línea de sucesión del clan.
Para comprender la dinámica actual de la familia, es fundamental conocer a su fundador: Enrique Eskenazi. Un ingeniero químico santafesino, próximo a cumplir 85 años, quien con visión y astucia construyó un conglomerado de empresas diversificadas. Su matrimonio con Sylvia Storey, hija de un diplomático inglés, unió dos mundos y sentó las bases de una familia numerosa compuesta por cinco hijos: Esteban, Ezequiel, Sebastián, Matías y Valeria. Fue Enrique quien, a través del Grupo Petersen, el buque insignia de la familia, cimentó una fortuna que alcanzaría su apogeo con el desembarco en la petrolera más grande del país.

El Grupo Petersen no solo se convirtió en el vehículo para adquirir un 14,9% de las acciones de YPF, con planes de expandir esa participación a un 25%, sino que también consolidó su poder en el sector financiero al tomar la administración de los bancos de Santa Cruz, San Juan y Santa Fe. Este crecimiento exponencial, particularmente durante la era kirchnerista, no hizo más que intensificar las presiones internas por el control y el liderazgo del vasto imperio familiar.
Toda gran dinastía enfrenta su momento definitorio en la transición del poder. En el caso de los Eskenazi, este momento se convirtió en un conflicto abierto y duradero. La operación de compra de las acciones de YPF fue el catalizador que expuso las tensiones latentes. Sebastián, el tercero de los hermanos, asumió un protagonismo clave en esta negociación, ganándose la confianza absoluta de su padre, Enrique. Este respaldo paterno lo catapultó a la cima del poder corporativo.
La asamblea de accionistas de YPF no tardó en ratificar su nueva posición, designándolo Vicepresidente Ejecutivo y Gerente General, el cargo de mayor jerarquía dentro de la compañía. Este ascenso meteórico, sin embargo, generó profundos roces. A mediados de la década de los 90, una fuerte discusión por dinero y control efectivo del grupo familiar desató una pelea irreversible entre Sebastián y su hermano mayor, Esteban. La disputa fue tan intensa que, hasta el día de hoy, ambos hermanos no se dirigen la palabra. Este cisma familiar relegó a Esteban, el primogénito, dejándolo completamente fuera de los negocios del Grupo Petersen.
La tensión, según fuentes cercanas, resurge anualmente cada 1 de agosto, cuando el patriarca reúne a la familia para celebrar su cumpleaños, un evento que evidencia la incómoda distancia entre los dos hermanos mayores.
La distribución de roles y responsabilidades dentro del clan Eskenazi es un reflejo directo de esta lucha por la sucesión. Un análisis de las estructuras societarias de sus empresas revela una clara disparidad de poder, con Sebastián en el centro de todas las operaciones importantes.
La diferencia de poder no es solo una cuestión de cargos, sino que está claramente reflejada en la distribución accionaria de la empresa clave, Petersen Energía. Esta estructura demuestra matemáticamente quién tiene el control.
| Miembro de la Familia | Participación en Petersen Energía | Rol Principal |
|---|---|---|
| Sebastián Eskenazi | 38% | Líder y sucesor. Vicepresidente Ejecutivo de YPF. |
| Matías Eskenazi | 38% | Aliado clave de Sebastián. Director en YPF. |
| Enrique Eskenazi (Padre) | 23% | Patriarca y fundador. |
| Ezequiel Eskenazi | 1% | Accionista minoritario. Director suplente. |
| Esteban Eskenazi | 0% | Excluido del grupo familiar. |
| Valeria Eskenazi | 0% | Fuera de los negocios principales por elección. |
Esta tabla deja claro que el eje del poder reside en la alianza entre Sebastián y Matías, quienes juntos controlan el 76% de la empresa, bajo la atenta mirada de su padre. Aunque la legislación argentina impide desheredar a los hijos, la estructuración de la propiedad de las empresas a través de acciones ha permitido, en la práctica, consolidar el control en manos de una facción de la familia.
Esteban Eskenazi es el hijo mayor de Enrique Eskenazi. Quedó fuera del Grupo Petersen y de los negocios familiares tras una fuerte disputa con su hermano Sebastián a mediados de los años 90 por el control y el poder dentro del imperio. Actualmente dirige sus propias empresas en el sector informático.
Sebastián Eskenazi ostenta el cargo más alto dentro de la compañía en representación de su familia: es el Vicepresidente Ejecutivo y Gerente General de YPF S.A. Es considerado el sucesor de su padre y la figura central en la toma de decisiones.
El poder se concentra principalmente en Sebastián y Matías Eskenazi, quienes poseen cada uno el 38% de las acciones de Petersen Energía, la empresa tenedora de la participación en YPF. Su padre, Enrique, posee el 23%, y su hermano Ezequiel solo el 1%. Esteban y Valeria no tienen participación accionaria en esta empresa clave.
El fundador y patriarca de la familia es Enrique Eskenazi, un ingeniero químico que construyó el conglomerado de empresas conocido como Grupo Petersen, que abarca desde la energía y el petróleo hasta la banca y los servicios.
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