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El Arsenal Argentino en Malvinas: Mitos y Realidad

Por cruce · · 9 min lectura

Contrario a la creencia popular y a mitos extendidos durante décadas, las fuerzas argentinas que combatieron en la Guerra del Atlántico Sur en 1982 no contaban con armamento obsoleto ni en mal estado. Esta idea, a menudo repetida, oculta una realidad mucho más compleja y sorprendente: Argentina no solo poseía un arsenal moderno y eficaz, sino que en varios aspectos superaba en variedad y calidad al de su oponente. Las fallas de funcionamiento que ocurrieron en el campo de batalla, tanto en el bando argentino como en el británico, no fueron producto de la antigüedad del material, sino de las condiciones climáticas extremas y las enormes dificultades para realizar un mantenimiento adecuado en pleno combate.

¿Quién ayudó a Argentina en la Guerra de Malvinas?
El G77 + China apoyó fuertemente a la Argentina en la Cuestión Malvinas y en su soberanía sobre los recursos naturales.

El teatro de operaciones de Malvinas impuso un desafío brutal para hombres y máquinas. El agua, el barro y las bajísimas temperaturas congelaban los mecanismos de las armas, afectando los conductos de gases y las partes móviles. En medio del fuego enemigo, con el tiempo en contra y la supervivencia como prioridad, la tarea fundamental de la limpieza del armamento se volvía una misión casi imposible. A esto se sumaba el efecto de la humedad extrema sobre la munición. Comprender este contexto es clave para desterrar falsedades y analizar con justicia el desempeño del equipamiento y, sobre todo, de los soldados que lo empuñaron con coraje.

Un Arsenal Diverso y Moderno

Lejos de ser un ejército mal equipado, las Fuerzas Armadas Argentinas disponían de una variedad de armamento que muchos ejércitos de la OTAN en esa época hubieran deseado. La producción nacional, a través de la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), garantizaba una provisión de armas de alta calidad, complementada con importaciones de última generación de países como Austria, Bélgica, Estados Unidos e Israel. A continuación, desglosamos el equipamiento portátil que se utilizó en el conflicto.

Armas Blancas: El Combate Cuerpo a Cuerpo

La lucha a corta distancia fue una realidad cruda en Malvinas, y las tropas argentinas estaban bien provistas para ella. El equipamiento no estaba completamente estandarizado, lo que resultó en una interesante variedad de cuchillos y bayonetas. Se destacaron las bayonetas para el fusil FAL, tanto las planas de primera generación como las tubulares más modernas. Además, Fabricaciones Militares producía el cuchillo de combate modelo AB-200 y una versión del famoso cuchillo de paracaidista ETA, con su característica manopla. La Infantería de Marina, por su parte, utilizó un cuchillo-machete modificado a partir de bayonetas alemanas. Esta diversidad demuestra una preparación para todo tipo de enfrentamientos.

Tabla Comparativa de Armas Blancas

Fuerzas Argentinas Fuerzas Británicas
Bayonetas de Fusil FAL (planas y tubulares) Dagas de comando Fairbairn-Sykes (SAS/SBS)
Cuchillo de combate FM AB-200 Cuchillos Bowie KA-BAR (Gurkhas)
Cuchillo de paracaidista ETA (con manopla) Machetes curvos Kukri (Gurkhas)
Machete de artillería Modelo 1909 Bayoneta estándar para fusil L1-A1
Cuchillos Erizo Comando y AAMZ

Pistolas y Pistolas Ametralladoras: Potencia de Fuego Portátil

En cuanto a armas cortas, Argentina desplegó una combinación de calibres y modelos de probada eficacia. La pistola reglamentaria era la Browning HP-35 de 9mm, un diseño clásico y fiable. Sin embargo, también se utilizaron las robustas pistolas sistema Colt 1911 en calibre .45 ACP, tanto en sus versiones norteamericanas como en las fabricadas localmente (DGFM y HAFDASA Ballester-Molina). Esta dualidad de calibres ofrecía una versatilidad táctica importante.

En el campo de las pistolas ametralladoras o subfusiles, el arsenal argentino era notablemente superior en variedad. Se emplearon modelos de producción nacional como la FMK-3 y la PAM 2, junto a la Halcón ML-63. A estas se sumaban armas importadas de primer nivel como la UZI israelí y la Sterling L34A1 británica, esta última con silenciador integrado, ideal para operaciones especiales. Los británicos, por su parte, dependían principalmente de su Sterling L2A3 y algunas UZI, pero también recurrieron a viejas Sten de la Segunda Guerra Mundial.

Fusiles: La Columna Vertebral de la Infantería

El fusil de asalto estándar de las tropas argentinas era el FAL (Fusil Automático Liviano) en calibre 7,62×51 mm, fabricado bajo licencia por Fabricaciones Militares. Este fusil, en sus versiones de infantería (culata fija) y paracaidista (culata plegable), era considerado uno de los mejores del mundo en su época. Su potencia y alcance eran superiores al del armamento principal británico. Además, Argentina desplegó unidades equipadas con fusiles más modernos en calibre 5,56×45 mm, como el Colt M-16A1 norteamericano y el avanzado Steyr AUG austríaco, un fusil de diseño bullpup que representaba la vanguardia tecnológica del momento.

El Reino Unido, en cambio, utilizaba el L1-A1, una versión semiautomática del FAL. Si bien compartían el mismo calibre y una base de diseño, la incapacidad del fusil británico para disparar en modo automático representaba una clara desventaja en términos de volumen de fuego durante los asaltos y la defensa de posiciones.

Fusiles de Precisión: Los Francotiradores

En el rol de francotirador, Argentina demostró una flexibilidad y una dotación de material envidiables. Se adaptaron fusiles FAL con miras telescópicas y nocturnas, pero también se emplearon rifles de cerrojo de alta precisión como el Remington 700 y el Steyr SSG-69, ambos reconocidos mundialmente por su exactitud. Incluso se registraron fusiles Mauser modificados y potentes rifles de cacería como el Weatherby en calibre .300 Winchester Magnum. Esta variedad permitía a los tiradores selectos argentinos adaptarse a diferentes distancias y condiciones, causando serios problemas a las tropas británicas. Los ingleses, por su parte, confiaron en los Parker Hale M-82 y los envejecidos Lee-Enfield L-42 A-1, los cuales, según reportes, sufrieron problemas mecánicos en el duro clima de las islas.

Armas de Apoyo y Explosivos

Para el fuego de apoyo a nivel de pelotón y sección, el arma principal fue la ametralladora FN MAG, un diseño belga de extraordinaria fiabilidad y potencia, también fabricada en el país. Esta ametralladora superaba en muchos aspectos a su contraparte británica, la L7-A2, que era esencialmente una copia de la misma. Para la defensa antiaérea y contra blancos blindados ligeros, se contaba con la demoledora Browning M-2 en calibre .50 BMG.

En cuanto a explosivos de mano, las granadas de fragmentación FMK-2 de producción nacional y las EXPAL EA M-5 españolas conformaban la dotación principal, complementadas por granadas de fusil antitanque y antipersonal, que otorgaban al infante una capacidad ofensiva y defensiva formidable.

El Mito de los Gurkhas y la Realidad del Combate

Durante y después del conflicto, circuló con fuerza el rumor sobre la ferocidad de los mercenarios nepaleses Gurkhas, a quienes se les atribuyeron actos de extrema crueldad en el combate cuerpo a cuerpo. Se decía que cortaban las orejas de los soldados argentinos como trofeos. Sin embargo, testimonios de veteranos de ambos bandos han desmentido categóricamente estas historias. Hoy se sabe que el regimiento Gurkha prácticamente no entró en combate cercano con las fuerzas argentinas y que estos relatos fueron, muy probablemente, parte de una operación de propaganda británica para sembrar el terror y exaltar la bravura de sus tropas coloniales. Por el contrario, existen innumerables reportes, incluso de fuentes británicas, que destacan los heroicos actos de valor de los soldados argentinos en la lucha a corta distancia, defendiendo sus posiciones hasta el final con una determinación que asombró al enemigo.

Conclusión: Valor y Determinación Frente a la Adversidad

Analizando el material bélico, queda claro que Argentina enfrentó la guerra con un armamento moderno, diverso y, en muchos casos, superior al de su oponente. La narrativa del ejército mal equipado no resiste un análisis serio de los hechos. A pesar de combatir en una enorme desventaja logística y estratégica, enfrentando no solo al Reino Unido sino también al apoyo de potencias como Estados Unidos y Francia, las fuerzas argentinas infligieron un daño devastador a la flota y las tropas británicas. El factor decisivo que casi inclina la balanza no fue la calidad del acero, sino el coraje, la resistencia y el inquebrantable espíritu de los combatientes argentinos, que movidos por el amor a su patria, escribieron páginas de heroísmo que hoy, el mundo entero comienza a reconocer.

Preguntas Frecuentes sobre el Armamento en Malvinas

¿El armamento argentino era realmente obsoleto?

No. Este es uno de los mitos más extendidos. Argentina contaba con armamento moderno para la época, incluyendo fusiles FAL de producción nacional, Steyr AUG de última generación y una gran variedad de armas de apoyo y pistolas. Las fallas se debieron a las condiciones climáticas extremas y no a la calidad del material.

¿Cuál fue el fusil más emblemático de las tropas argentinas?

Sin duda, el fusil FAL (Fusil Automático Liviano) en calibre 7,62×51 mm. Fabricado en el país por Fabricaciones Militares, fue el arma estándar de la infantería. Su robustez, potencia y fiabilidad lo convirtieron en un ícono del soldado argentino en Malvinas.

¿Hubo superioridad argentina en algún tipo de armamento?

Sí. Argentina poseía una mayor variedad en pistolas ametralladoras, fusiles de asalto (al contar con modelos de 5,56 mm además del 7,62 mm) y una dotación de fusiles de precisión más diversa y moderna que la británica. Además, su fusil FAL estándar tenía capacidad de fuego automático, a diferencia del L1-A1 británico que era solo semiautomático.

¿Por qué fallaban las armas en combate?

La principal causa de las fallas en ambos bandos fue el clima. El barro, la turba y el agua se congelaban en los mecanismos internos de las armas, impidiendo su correcto funcionamiento. La falta de tiempo y de materiales adecuados para una limpieza constante en medio de los combates agravaba el problema.