El Mapa de Estaciones de Servicio en Argentina
Descubre el dinámico mapa de estaciones de servicio en Argentina. ¿Qué marcas desaparecieron y cuáles...
El 13 de octubre de 1972, el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, que transportaba al equipo de rugby Old Christians Club junto a amigos y familiares, se estrelló en el corazón de la Cordillera de los Andes. Lo que siguió fue una odisea de 72 días que pondría a prueba los límites de la resistencia humana y la voluntad de vivir. Este evento, conocido mundialmente como la “Tragedia de los Andes”, no solo dejó una marca imborrable en la memoria colectiva, sino que también dejó atrás los restos de una aeronave que hoy yace como un mudo testigo de la increíble historia de sus supervivientes.
El Fairchild FH-227D despegó de Mendoza con destino a Santiago de Chile. Un error de cálculo de los pilotos, agravado por las complejas condiciones climáticas de la cordillera, provocó que la aeronave descendiera prematuramente, impactando contra una cresta montañosa. El impacto fue brutal: la cola y las alas se desprendieron, y el fuselaje se deslizó a gran velocidad por un glaciar hasta detenerse a 3.600 metros de altura, en un desolado paraje argentino que más tarde sería conocido como el Valle de las Lágrimas.

De los 45 pasajeros y tripulantes, 12 murieron en el accidente o en las horas inmediatamente posteriores. Durante la primera noche, con temperaturas que descendían a -30 °C y sin equipo adecuado, cinco personas más fallecieron. Los 28 restantes se aferraron a la vida dentro del precario refugio que ofrecían los restos del fuselaje, utilizando maletas y asientos para bloquear la entrada y protegerse del viento helado. Entre ellos, dos estudiantes de medicina, Roberto Canessa y Gustavo Zerbino, hicieron lo posible por atender a los heridos con recursos casi nulos.
Los suministros de comida eran extremadamente escasos: unas pocas barras de chocolate, galletas, mermeladas y algunas botellas de vino. Racionaron la comida al máximo, pero pronto se agotó. La desesperación creció cuando, al undécimo día, escucharon en una pequeña radio a transistores que la búsqueda oficial había sido cancelada. Fue en ese momento cuando Gustavo “Coco” Nicolich pronunció una frase que cambiaría el rumbo de su destino: “Hay buenas noticias… han cancelado la búsqueda. Significa que vamos a salir de aquí por nuestra cuenta”.
Ante la certeza de una muerte por inanición, el grupo tomó la decisión más difícil de sus vidas. En un pacto colectivo, acordaron que si morían, sus cuerpos servirían de alimento para los demás. Este acto de antropofagia, racionalizado por algunos como un acto de comunión y sacrificio, fue la clave para su supervivencia. Roberto Canessa, describiendo el momento, relató la agonía de la decisión: “Sabíamos la respuesta, pero era demasiado terrible contemplarla… Nos preguntábamos si nos habíamos convertido en unos brutos salvajes. ¿O era esto lo único sensato que podía hacer?”.
Cuando parecía que no podían enfrentar más adversidades, la noche del 29 de octubre, 17 días después del accidente, una avalancha de nieve sepultó el fuselaje mientras dormían. Ocho personas murieron asfixiadas, incluyendo al capitán del equipo y líder del grupo, Marcelo Pérez del Castillo. Los 19 supervivientes quedaron atrapados bajo la nieve durante tres días, en un espacio minúsculo y con el aire viciado, hasta que Nando Parrado logró abrir un pequeño agujero en el techo del avión con una varilla de metal. Esta nueva tragedia los obligó a consumir los cuerpos de sus amigos recién fallecidos, fortaleciendo su determinación de que la única salida era escalar las montañas.
Tras varios intentos fallidos de exploración y un plan para usar la radio del avión que resultó inviable, la esperanza recayó en una expedición final. El grupo utilizó el material aislante de la cola del avión para confeccionar un saco de dormir rudimentario, una pieza clave que les permitiría sobrevivir a las gélidas noches en la intemperie.
El 12 de diciembre, dos meses después del accidente, Nando Parrado, Roberto Canessa y Antonio “Tintín” Vizintín iniciaron la travesía hacia el oeste, creyendo erróneamente que Chile estaba a solo unos kilómetros. Sin equipo de alpinismo, escalaron un pico de 4.650 metros. Al llegar a la cima, la visión fue desoladora: en lugar de los valles verdes de Chile, se encontraron con una interminable sucesión de picos nevados. En ese momento, Parrado vio un pequeño valle que se abría hacia el oeste y, contra toda lógica, decidió seguirlo. Vizintín regresó al fuselaje para que sus compañeros tuvieran más raciones, y Parrado y Canessa continuaron solos.
La siguiente tabla resume los eventos clave durante los 72 días en la montaña.

| Día | Fecha | Evento Principal | Supervivientes |
|---|---|---|---|
| 1 | 13 de octubre | El avión se estrella en los Andes. | 32 (inicialmente) |
| 2 | 14 de octubre | Mueren 5 personas durante la primera noche. | 28 |
| 11 | 23 de octubre | Se enteran por radio que la búsqueda ha sido cancelada. | 27 |
| 17 | 29 de octubre | Una avalancha sepulta el fuselaje, matando a 8 personas. | 19 |
| 61 | 12 de diciembre | Parrado, Canessa y Vizintín inician la expedición final. | 16 |
| 70 | 21 de diciembre | Parrado y Canessa son encontrados por el arriero Sergio Catalán. | 16 |
| 72 | 23 de diciembre | Los últimos 8 supervivientes son rescatados del fuselaje. | 16 |
Tras diez días de caminata y habiendo recorrido unos 60 kilómetros, Parrado y Canessa llegaron al cauce de un río. Exhaustos, al otro lado del torrente vieron a un arriero chileno, Sergio Catalán. La comunicación era imposible por el ruido del agua. Al día siguiente, Catalán regresó y lanzó una piedra con un papel y un lápiz. Parrado escribió el ya famoso mensaje: “Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo…”. Catalán cabalgó durante horas para buscar ayuda, desatando una operación de rescate con helicópteros de la Fuerza Aérea de Chile. El 22 y 23 de diciembre, los 14 supervivientes que quedaban en la montaña fueron rescatados, poniendo fin a su calvario.
Hoy, el Valle de las Lágrimas es un lugar de peregrinación y memoria. El 18 de enero de 1973, una expedición regresó al sitio para dar sepultura a los fallecidos. Los restos mortales fueron enterrados en una fosa común, a salvo de avalanchas, cerca del lugar del accidente. Sobre ella se erigió un altar de piedra con una cruz de hierro naranja que lleva la inscripción: “Más cerca, oh Dios, de ti”.
Los restos del fuselaje fueron rociados con gasolina y quemados para evitar que curiosos profanaran el lugar, dejando solo el esqueleto carbonizado del avión. Sin embargo, con el paso de los años, el glaciar ha ido devolviendo pequeños fragmentos: trozos de metal, restos de asientos, ropa y otros objetos personales que recuerdan la tragedia. El sitio se ha convertido en un santuario que atrae a cientos de personas cada año, quienes realizan expediciones a caballo o a pie para rendir homenaje a las víctimas y reflexionar sobre la increíble historia de resiliencia que allí tuvo lugar.
El avión se estrelló en el paraje conocido como el Valle de las Lágrimas, en el glaciar de Las Lágrimas, en la Cordillera de los Andes del lado argentino, provincia de Mendoza, a 3.600 metros sobre el nivel del mar.
De las 45 personas a bordo, sobrevivieron 16. Fueron rescatados 72 días después del accidente.
Sí, existen expediciones turísticas, generalmente entre diciembre y febrero, que permiten llegar al lugar del accidente. El viaje dura varios días e implica tramos en vehículo todoterreno y largas caminatas o cabalgatas. Es un lugar de profundo respeto y reflexión.
Los restos de 28 de los 29 fallecidos en la montaña fueron enterrados en una fosa común cerca del lugar del accidente. Sobre la tumba se construyó un altar y se colocó una cruz. La familia de una de las víctimas obtuvo permiso para repatriar sus restos a Uruguay.
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