YPF: La Energía que Impulsa el Corazón Productivo
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En el corazón del norte neuquino, erigiéndose como un coloso silencioso, se encuentra el Cerro Domuyo, conocido popularmente como el “Techo de la Patagonia”. Con sus imponentes 4.709 metros sobre el nivel del mar, no es solo la cumbre más elevada de la región, sino también un complejo volcánico de una riqueza geológica y cultural fascinante. Su nombre, derivado de la lengua mapuche, significa “El que tiembla y rezonga”, una descripción poética y precisa para una montaña que, aunque no ha mostrado erupciones en tiempos históricos, vive y respira a través de una intensa actividad geotérmico, manifestada en géiseres, fumarolas y aguas termales que hierven en sus entrañas.

A diferencia de los estratovolcanes clásicos con un cono y una chimenea central bien definidos, el Domuyo presenta una historia geológica mucho más compleja y singular. Su estructura principal no responde a este modelo tradicional. En cambio, ha sido caracterizado por los geólogos como un amplio pliegue de basamento, una inmensa arruga en la corteza terrestre originada durante la Orogenia Andina y posteriormente afectada por múltiples sistemas de fallas. Sobre esta estructura preexistente, durante los últimos 5 millones de años, se emplazó el Complejo Volcánico Domuyo, un evento que acentuó su deformación y lo elevó a su altitud actual, dándole un carácter único en la Cordillera del Viento.
El complejo está compuesto por un núcleo de pórfido granítico-diorítico, que se interpreta como la parte superior de una cámara magmática parcialmente expuesta, y por rocas volcánicas más jóvenes, con edades inferiores a los 300.000 años. A su alrededor, como satélites de este gigante, se encuentran cerros menores como Las Papas, Cerro Domo y Cerro Ventoso, todos productos de un magmatismo más reciente. Esta configuración ha dado lugar a uno de los campos geotérmicos más grandes del mundo, un espectáculo natural donde la energía interna de la Tierra se manifiesta en la superficie con una fuerza sobrecogedora.
Esta es una de las preguntas más recurrentes y su respuesta desmitifica la imagen tradicional de un volcán. Los estudios geológicos no han reconocido erupciones holocenas, es decir, no hay evidencia de actividad eruptiva magmática en los últimos 11,700 años. Sin embargo, esto no significa que el Domuyo esté inactivo. Su actividad se manifiesta de otra forma: a través de explosiones freáticas. Estos eventos ocurren cuando el magma subterráneo calienta agua (superficial o subterránea) de forma tan violenta que esta se convierte en vapor y explota, arrojando rocas y lodo, pero sin expulsar lava fresca. Se han registrado explosiones freáticas significativas en los años 2003, 2007, 2012 y 2018, recordatorios constantes del calor que bulle bajo su superficie.

| Característica | Erupción Magmática | Explosión Freática |
|---|---|---|
| Material Expulsado | Lava, ceniza, gases magmáticos, bombas volcánicas. | Vapor de agua, rocas preexistentes, lodo, ceniza (no juvenil). |
| Origen | Ascenso y desgasificación de magma desde el interior de la Tierra. | Interacción del calor magmático con fuentes de agua. |
| Actividad en el Domuyo | No registrada en tiempos históricos. | Registrada en 2003, 2007, 2012, 2018. |
Durante años, la comunidad científica debatió si el Domuyo debía ser considerado un volcán activo. La controversia llegó a su fin en 2018, cuando estudios realizados por el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, utilizando imágenes satelitales de radar, revelaron un hecho sorprendente: el Domuyo se estaba deformando. Desde 2014, el complejo volcánico se había estado inflando a un ritmo de unos 11 centímetros por año. Estudios posteriores de universidades argentinas no solo corroboraron esta deformación, sino que también detectaron actividad sísmica asociada. Estos hallazgos sugieren una posible reactivación del sistema magmático o una creciente actividad en su vasto reservorio geotérmico. A raíz de esta nueva información, el SEGEMAR (Servicio Geológico Minero Argentino) elevó al Domuyo al puesto N°16 en su Ranking de Riesgo Volcánico y priorizó su monitoreo en tiempo real. Hoy, es el sexto volcán instrumentado del país, una medida crucial para la generación de alertas tempranas que protejan a las comunidades y visitantes de la región.
Más allá de la geología, el Domuyo está impregnado de una rica mitología. La leyenda más conocida, transmitida oralmente por generaciones, habla de una laguna encantada en su cima. En ella habita una hermosa joven de cabellos dorados, custodiada celosamente por un toro rojo y un caballo negro. Se dice que en las profundidades de la laguna se esconden inmensas cantidades de oro, pero la ambición de quienes intentan poseerlo se paga con la vida. El cerro, personificado, se enoja ante la presencia de extraños que intentan escalarlo. El toro es quien arroja enormes piedras por las laderas, mientras que los resoplidos y corridas del caballo desatan tormentas de lluvia, granizo y nieve para impedir que los intrusos lleguen a la laguna donde la joven se peina con su peine de oro. Estas historias dotan a la montaña de un alma, un carácter que exige respeto y reverencia.
La zona del Complejo Volcánico Domuyo es un tesoro de gran interés social y turístico, protegido bajo la figura de Área Provincial Protegida. Cada verano, miles de turistas se acercan para maravillarse con su paisaje y disfrutar de sus atractivos. Las termas son, sin duda, el principal imán. Pozones naturales y arroyos como Aguas Calientes ofrecen baños con temperaturas que oscilan entre los 30° y 90° C, famosas por sus propiedades curativas para diversas afecciones de la piel y reumatismo. El entorno es un paraíso para el avistaje de fauna silvestre, la pesca deportiva y, por supuesto, el andinismo. El ascenso a su cumbre es un desafío reservado para montañistas con buena preparación física y técnica, pero la recompensa es una vista panorámica inigualable de la cordillera, abarcando desde el sur de Mendoza hasta los volcanes del vecino Chile.

Sí, está considerado geológicamente activo. Aunque no ha tenido erupciones magmáticas en miles de años, presenta una intensa actividad geotérmica (géiseres, fumarolas) y ha registrado explosiones freáticas recientes. Además, está bajo monitoreo constante debido a la detección de deformación del terreno y actividad sísmica.
Las zonas turísticas habilitadas, como las termas y senderos, son generalmente seguras para los visitantes, siempre que se sigan las indicaciones y se tomen precauciones, especialmente con las altas temperaturas de algunas aguas. El ascenso a la cumbre es una actividad de alto riesgo que requiere experiencia, equipo adecuado y, preferiblemente, la guía de profesionales.
La temporada ideal es el verano (diciembre a marzo). Durante el resto del año, las condiciones climáticas son extremas y la acumulación de nieve puede hacer que los caminos de acceso sean intransitables y peligrosos.

Proviene de la lengua mapuche o mapudungún y se traduce como “El que tiembla y rezonga”, una clara alusión a su constante actividad geotérmica y los ruidos subterráneos que a veces se perciben en la zona.
El acceso a las termas que se encuentran en su estado natural, como los pozones y arroyos dentro del Área Natural Protegida, es libre y gratuito. Es un entorno agreste y se recomienda a los visitantes cuidar y preservar la limpieza del lugar.
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