Gonzalo Vidal: La historia del músico ciego de Medellín
Conoce la historia de Gonzalo Vidal, el genio ciego detrás de la música del Himno...
La pregunta que resuena en las tribunas y en las charlas de café es: ¿Quién falló el penal de San Lorenzo en el clásico contra Huracán? La respuesta, para sorpresa de muchos, es tan simple como anticlimática: nadie. No hubo un remate desviado, ni una atajada heroica del arquero. El penal, sancionado a los seis minutos del segundo tiempo en el Nuevo Gasómetro, simplemente se desvaneció, anulado por una intervención tecnológica que cambió el destino del partido y dejó a los hinchas del Ciclón con el grito de gol atragantado. Fue un momento de máxima tensión, una montaña rusa de emociones que pasó de la euforia a la incredulidad en cuestión de minutos, todo por un detalle invisible para el ojo humano en tiempo real.

Corría el minuto 51 del encuentro, con el marcador en cero y el partido trabado, como suelen ser los clásicos. Fue entonces cuando Cristian Ferreira metió un pase largo y preciso para la carrera de Iván Leguizamón, quien de primera habilitó a Adam Bareiro. El delantero paraguayo, con su característica potencia, aguantó la marca y cedió la pelota para la entrada fulminante de Cristian Reali. Con una velocidad endiablada, Reali se internó en el área de Huracán y, cuando se disponía a definir, fue derribado claramente por el defensor Fernando Nervo. El árbitro del encuentro, Nicolás Ramírez, no dudó un instante y señaló el punto del penal. La explosión del público de San Lorenzo fue inmediata; era la oportunidad de oro para destrabar un partido complejo y encaminar la victoria en casa.
Mientras los jugadores de Huracán protestaban tímidamente y los de San Lorenzo ya decidían quién sería el ejecutor, un silencio tenso comenzó a apoderarse del estadio. Desde la cabina del VAR, los árbitros a cargo de la tecnología habían detectado una posible irregularidad en el inicio de la jugada. La comunicación con el árbitro principal fue inminente, y lo que parecía una chance clara de gol se puso en pausa, pendiente de una revisión que cambiaría por completo el panorama.
El motivo de la revisión no fue la falta sobre Reali, que era indiscutible. La lupa se posó varios segundos antes, en el origen de la ofensiva. En el círculo central, Ezequiel “Pocho” Cerutti había bajado de cabeza una pelota que daría inicio al contraataque. La revisión del VAR, liderada por Héctor Paletta, se centró en la posición de Cerutti en ese preciso instante. Utilizando las líneas virtuales que trazan con precisión milimétrica, se determinó que el tobillo izquierdo del jugador de San Lorenzo estaba infinitesimalmente por delante del último defensor de Huracán, Lucas Ibáñez.
Se trataba de un fuera de juego casi imperceptible, de esos que son imposibles de juzgar para un árbitro asistente en la velocidad de la acción. Sin embargo, bajo el reglamento, por más mínima que sea la ventaja, la posición es ilícita. La jugada, por lo tanto, estaba viciada desde su concepción. Una vez confirmada la posición adelantada, la decisión fue comunicada al árbitro principal.
Muchos aficionados se preguntaron por qué Nicolás Ramírez no se acercó a la pantalla ubicada al costado del campo de juego para revisar la jugada por sí mismo. La respuesta se encuentra en el protocolo del VAR. Existen dos tipos de revisiones: las subjetivas y las factuales. Las subjetivas, como la interpretación de una mano o la intensidad de una falta, suelen requerir que el árbitro principal vea las imágenes para tomar una decisión final.
En cambio, un fuera de juego es considerado una jugada factual. No hay lugar a interpretación. O el jugador está adelantado o no lo está. Una vez que el equipo del VAR, con las herramientas tecnológicas a su disposición, confirma la posición ilícita, simplemente informa la decisión al árbitro de campo. Por este motivo, Ramírez recibió la notificación a través de su intercomunicador y procedió a anular su decisión original sin necesidad de la revisión en el monitor. El penal fue cancelado y el juego se reanudó con un tiro libre indirecto a favor de Huracán desde el lugar del offside.
Para entender mejor el impacto del VAR en esta jugada crucial, podemos analizar el antes y el después de la intervención tecnológica.
| Aspecto de la Jugada | Decisión Inicial (Árbitro de Campo) | Decisión Final (Post-VAR) |
|---|---|---|
| Falta sobre Reali | Penal claro | La falta existió, pero la jugada previa la invalida |
| Inicio de la Jugada | Considerado válido en tiempo real | Offside milimétrico de Ezequiel Cerutti |
| Sanción | Penal a favor de San Lorenzo | Penal anulado |
| Reanudación del juego | Ejecución desde los doce pasos | Tiro libre indirecto para Huracán |
Esta jugada no puede analizarse de forma aislada. Ocurrió en el marco de un clásico porteño de alta tensión. El partido fue disputado, con más roce que fútbol, y la polémica del penal anulado fue uno de los puntos más álgidos. Para colmo de males para Huracán, el equipo visitante sufrió la expulsión de Franco Alfonso más tarde, dejando al “Globo” con un hombre menos. A pesar de la inferioridad numérica y de haber zafado del penal, Huracán aguantó el resultado y se llevó un valioso empate 0-0 del Nuevo Gasómetro.
La decisión del VAR, aunque correcta desde el punto de vista reglamentario, dejó un sabor amargo en San Lorenzo, que sintió que se le escapaba una oportunidad inmejorable de ganar el clásico. Para Huracán, fue un respiro, una intervención casi divina que les permitió seguir en partido y, finalmente, rescatar un punto en una cancha difícil y en condiciones adversas.
Nadie. El penal fue anulado por el VAR debido a una posición adelantada en el inicio de la jugada, por lo que nunca llegó a ejecutarse.
Sí. Según el reglamento actual del fútbol y el protocolo VAR, si en la fase de ataque que culmina en un gol o en un penal existe una infracción previa (como un offside), la jugada debe ser invalidada. Aunque la posición adelantada de Cerutti fue mínima, la tecnología demostró que existía.
El VAR tiene la potestad de revisar la “fase de ataque” completa que lleva a una jugada crucial (gol, penal, tarjeta roja). El cabezazo de Cerutti fue considerado el punto de inicio de esa fase de ataque, por lo que su posición era revisable.
El partido terminó en un empate 0-0. Huracán jugó una parte del encuentro con un jugador menos por una expulsión, lo que hace que el punto obtenido sea aún más valioso para ellos y más frustrante para San Lorenzo.
En definitiva, el penal que nunca fue se convirtió en la gran anécdota de un clásico trabado. Una demostración más del impacto profundo que la tecnología tiene en el fútbol moderno, capaz de detectar detalles invisibles y cambiar el curso de un partido en un abrir y cerrar de ojos, dejando para el recuerdo un penal que no fue fallado, sino borrado de la historia.
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