Del Pozo al Hogar: ¿Cuánto GLP da un barril?
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El mantenimiento del vehículo durante el invierno, o ante cualquier clima extremo, es una tarea crucial que va mucho más allá de cambiar los neumáticos o las escobillas del limpiaparabrisas. Uno de los aspectos más importantes, y a veces subestimado, es el estado del líquido refrigerante en el radiador. Este fluido es vital para la salud del motor, y entender su composición es clave. Comúnmente escuchamos los términos “refrigerante” y “anticongelante”, y aunque están relacionados, no son lo mismo. El refrigerante es el líquido que circula por el motor para regular su temperatura, mientras que el anticongelante es el concentrado que se le añade para evitar que se congele en invierno o hierva en verano. En el mercado, como en las estaciones de servicio YPF, encontrarás productos ya diluidos y listos para usar, y otros concentrados que requieren ser mezclados con agua. Esta segunda opción, aunque requiere un paso extra, ofrece la flexibilidad de personalizar la mezcla según las condiciones climáticas de tu región. Entonces, la pregunta del millón es: ¿cuál es la proporción correcta de agua y anticongelante para asegurar una protección óptima? A continuación, desglosamos todo lo que necesitas saber.

Para comprender la necesidad de la mezcla, es fundamental entender las propiedades de cada componente por separado. Cada uno tiene fortalezas y debilidades que, al combinarse, crean una solución sinérgica y altamente efectiva.
El agua es, por naturaleza, uno de los mejores fluidos para transferir calor. Es barata y accesible. Sin embargo, su uso exclusivo en un sistema de refrigeración moderno es una receta para el desastre. Sus principales desventajas son:
El anticongelante concentrado (generalmente a base de etilenglicol) parece una solución mágica: tiene un punto de congelación extremadamente bajo y un punto de ebullición muy alto. Sin embargo, su capacidad para transferir calor es significativamente inferior a la del agua. Usar anticongelante puro es contraproducente, ya que el motor no podría disipar el calor de manera eficiente, lo que llevaría a un sobrecalentamiento. El anticongelante fue diseñado para ser un aditivo, un potenciador de las propiedades del agua, no un sustituto. Su fórmula incluye un paquete de aditivos cruciales que inhiben la corrosión, previenen la formación de espuma y protegen los distintos metales y plásticos del sistema.
La mezcla de anticongelante y agua busca combinar la excelente capacidad de transferencia de calor del agua con la protección contra temperaturas extremas y la corrosión que ofrece el anticongelante. La proporción más recomendada y utilizada a nivel mundial es la de 50/50.
Una mezcla al 50% de anticongelante y 50% de agua destilada ofrece un punto de congelación cercano a los -37°C y eleva el punto de ebullición hasta aproximadamente 129°C en un sistema presurizado, lo cual es más que suficiente para la gran mayoría de los climas. Sin embargo, en zonas con inviernos particularmente crudos, donde las temperaturas descienden de forma prolongada por debajo de los -20°C, se puede ajustar esta proporción.
Es importante destacar que nunca se debe superar una concentración del 70% de anticongelante. Por encima de este valor, las propiedades de la mezcla se degradan: el punto de congelación comienza a subir nuevamente y la capacidad de disipar calor se reduce drásticamente, poniendo en riesgo al motor.

| Proporción (Anticongelante/Agua) | Protección Congelamiento (aprox.) | Clima Recomendado |
|---|---|---|
| 50% / 50% | -37°C | Climas templados a fríos. Es la mezcla estándar y más versátil. |
| 60% / 40% | -52°C | Climas muy fríos, con inviernos severos y temperaturas consistentemente bajo cero. |
| 70% / 30% | -64°C | Climas extremos o árticos. Es el límite máximo recomendado. |
Preparar la mezcla es un proceso sencillo, pero requiere atención al detalle para garantizar que sea homogénea y segura.
No, no es nada recomendable. Los diferentes colores (verde, rojo, rosa, amarillo) suelen indicar diferentes tecnologías de aditivos (OAT, HOAT, IAT). Mezclarlos puede provocar una reacción química que anule sus propiedades protectoras e incluso forme un gel que obstruya el sistema. Utiliza siempre el tipo de refrigerante especificado por el fabricante de tu vehículo. En caso de duda, es mejor vaciar, limpiar y rellenar todo el sistema.
Depende del vehículo y del tipo de refrigerante utilizado. La recomendación general es hacerlo cada 2 a 5 años o cada 40,000 a 100,000 kilómetros. Los aditivos anticorrosivos se degradan con el tiempo, por lo que cambiar el líquido es un mantenimiento preventivo esencial.
Debes solucionarlo lo antes posible. Si es verano y no hay riesgo de heladas, puedes circular con cuidado, pero el motor no estará protegido contra la corrosión ni el sobrecalentamiento extremo. Si es invierno, no arranques el motor. Drena completamente el sistema y rellénalo con la mezcla correcta de anticongelante y agua destilada para evitar daños graves.
En resumen, la mezcla correcta de anticongelante y agua no es solo una recomendación, es una necesidad para el correcto funcionamiento y la durabilidad de tu motor. Tomarte el tiempo para entender las proporciones y usar los productos adecuados, como el agua destilada, es una inversión pequeña que previene averías muy grandes y costosas. Un sistema de refrigeración bien cuidado es sinónimo de un motor sano y fiable en cualquier estación del año.
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